El Ciclo del Agua Para Niños

https://water.usgs.gov/edu/watercycle-kids-spanish.html

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Temas emergentes relacionados con el agua y las enfermedades infecciosas

Periódicamente “emergen” nuevas enfermedades, incluidas aquellas relacionadas con el agua, ya sea porque se reconocen como tales o por el aumento significativo de su importancia. Esto se puede deber a la evolución de los microorganismos; a cambios en el manejo de los recursos hídricos y del abastecimiento de agua; a cambios de herramientas y métodos para estudiar los organismos y sus efectos sobre la salud, o a cambios en la misma población humana.

La OMS, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (USEPA, por sus siglas en inglés) y otros organismos colaboran para afrontar algunos de estos retos a través de la iniciativa “Temas emergentes relacionados con el agua y las enfermedades infecciosas”. Las principales publicaciones y la iniciativa general se describen en un folleto. La iniciativa fomenta el desarrollo y publicación de revisiones actualizadas basadas en consultas con expertos internacionales.

Las revisiones publicadas sobre temas emergentes relacionados con el agua y las enfermedades infecciosas incluyen (disponible en inglés):

Alentamos el envío de comentarios para la revisión preliminar de la siguiente publicación disponible en inglés:

Las publicaciones que actualmente se encuentran en elaboración incluyen:

  • Los efectos en la salud de las infecciones adquiridas durante el uso de aguas recreativas o el baño
  • Micobacterias patógenas en el agua (incluido el Mycobacterium avium complex)

Otra información de la OMS que podría ser de interés (disponible en inglés):

7 temas tabú en agua y saneamiento de los que (casi) nadie habla

https://www.iagua.es/blogs/alberto-guijarro-lomena/7-temas-tabu-agua-y-saneamiento-que-casi-nadie-habla

Políticas de la UE en el tema del agua y el medio marino.

Proteger los medios acuáticos y marinos de la UE, sus recursos y ecosistemas, frente a la contaminación, la excesiva captación de aguas y los cambios estructurales, exigirá una acción coordinada a escala de la UE.

La DMA proporciona un marco para la protección y gestión de las aguas en la UE. En 2010, los Estados miembros de la UE publicaron 160 planes hidrológicos de cuenca para el período 2009-2015, con el objetivo de proteger y mejorar el medio acuático. En 2016/2017, se puso fin al segundo conjunto de planes hidrológicos de cuenca para el período 2016-2021.

En 2012, La Comisión Europea publicó el Plan para salvaguardar los recursos hídricos de Europa (COM(2012)673). Se centra en las medidas políticas que mejorarán la aplicación de la legislación de aguas vigente, y en la integración de los objetivos de la política de aguas en otras políticas. El Plan se basa en las políticas hidrológicas relacionadas con la eficiencia de los recursos hídricos y su gestión sostenible en el mismo marco temporal que la Estrategia Europa 2020 hasta 2050.

Además de la DMA y el Plan citado, se han adoptado cuatro directivas sobre los recursos hídricos para garantizar su buen estado en Europa:

La Directiva sobre inundaciones (2007/60/CE), además de fomentar el desarrollo de planes de gestión de riesgo de inundación, apoya significativamente los objetivos de la DMA.

La DMEM, con el respaldo de la DMA y las Directivas de protección de los hábitats y las aves, constituye una respuesta completa e integrada, basada en los ecosistemas y destinada a procurar un buen estado medioambiental en lo que respecta a numerosos aspectos medioambientales específicos.

Conforme a lo dispuesto en la DMEM, en 2012 se implementaron tres medidas importantes relativas a su aplicación: (1) Los Estados miembros presentaron los informes sobre la evaluación inicial del estado medioambiental de sus aguas marinas (artículo 8 de la DMEM); (2) los Estados miembros definieron lo que significa el «buen estado ambiental» (BEA) para las aguas marinas en cada región o subregión marina afectada (artículo 9 de la DMEM); y (3) los Estados miembros establecieron los objetivos medioambientales y los indicadores asociados para la consecución del BEA en 2020 (artículo 10 de la DMEM).

Otras políticas de la UE relevantes a nivel de medioambiente marino y que ofrecen una mejora de la coordinación entre las distintas áreas de la formulación de políticas son la política marítima integrada (PMI), la gestión integrada de zonas costeras (ICZM), la Directiva sobre planificación espacial marina (2014/89/EU) y la política pesquera común (PPC).

Las aguas europeas no son motivo de preocupación únicamente para la UE. Durante décadas, se ha desarrollado una intensa cooperación regional e internacional mediante las siguientes organizaciones y convenios:

La estructura de la red Eionet de la AEMA también proporciona una base sólida para el establecimiento de una política y unos marcos de implementación armonizados entre los países miembros de la AEMA no pertenecientes a la UE y los países vecinos.

 

EL AGUA COMO MERCANCÍA ES UNA LOCURA

Frente a este grave problema las únicas respuestas que la mayoría de gobiernos nos presentan son equivocadas o insuficientes. En pro a una supuesta mejora de la eficiencia, una ola de privatización del agua recorre todos los países, buscando convertirla en una mercancía lucrativa y acabar con los sistemas públicos locales o comunitarios de gestión y preservación del agua. En nuestro país, denunciamos que esto ya está sucediendo en las zonas urbanas. Privatizar y mercantilizar el agua es dejar la vida de todo hombre, mujer o niño en manos de unas pocas corporaciones.

Educación y comunicación en nueva cultura del agua

La Directiva Marco del Agua, en el año 2000, consagraba una nueva forma de gestionar el agua en la Unión Europea, pasando de una visión productivista a un paradigma que empieza a tener en cuenta los criterios de sostenibilidad. Unos años antes, en España, había visto la luz el concepto “Nueva Cultura del Agua”, que avanzaba en la misma dirección, pero ampliando el espectro a ámbitos de la cultura, los valores, y en definitiva, a la manera en que las personas nos relacionamos con el entorno y en particular, con los ríos. Daba así el salto desde un enfoque de dominación de la naturaleza, hacia una visión que busca la convivencia con el medio.

La Directiva ha dado lugar a adaptaciones legislativas, normativas de distinto ámbito o documentos de planificación con un discutible grado de coherencia. Sin embargo, para que todos estos instrumentos jurídicos y económicos den lugar al cambio de visión que propugna la Directiva, es necesaria una transformación de mayor calado, en la que las nuevas concepciones se abran paso entre el peso centenario de esas ideas que hemos ido interiorizando con el paso del año y que responden a una visión de la economía, la política y la sociedad, que nadie tiene que ver con lo que actualmente estamos viviendo.

El cumplimiento efectivo de la Directiva necesita, por tanto, de una nueva manera de entender el agua, los ríos, la manera que tenemos de relacionarnos con ellos, y el papel que cumplen en el planeta. Para ello, la Nueva Cultura del Agua, ha hecho siempre una apuesta por ese trabajo más hondo, que acude a las raíces, los valores y al conjunto del imaginario. Si queremos bajar a las profundidades de los imaginarios, disponemos de dos instrumentos de gran transcendencia: la comunicación y la educación. En este capítulo queremos ahondar en ambos temas con dos intenciones: analizar lo que existe hoy en día y dar recomendaciones a los profesionales para que su trabajo se convierta en una herramienta de cambio profundo.

Con esa intención, el apartado de “Comunicación” comienza con un análisis del tratamiento del agua en los medios de comunicación, para pasar después a dar recomendaciones sobre cómo trabajar estos temas en los medios, teniendo en cuenta que el objetivo ha de ser remover esos conceptos, hoy arcaicos, pero todavía arraigados en nuestra visión del mundo. El apartado incluye reflexiones específicas para los medios escritos, on-line y televisión.

A continuación, nos adentramos en el ámbito educativo, tanto dentro como fuera de las aulas, para dar un vistazo rápido a lo hecho durante estos años y preguntarnos si ha servido para construir ese nuevo imaginario. Los profesionales o las personas interesadas en este tema podrán encontrar aquí buen número de recursos y propuestas concretas que les puedan ayudar en su actividad.

Finalmente, dedicamos un artículo a explicar el concepto de Huella Hídrica por el enorme potencial comunicativo y educativo que alberga.

No quisiera dejar pasar la ocasión para agradecer el esfuerzo de todos los autores y autoras que se han prestado a colaborar en este proyecto aportando un conocimiento forjado a través de años de experiencia y horas de trabajo. Esperamos, con estas reflexiones, ayudar a quienes se interesen por estos asuntos a entender la necesidad de un cambio profundo, un cambio de paradigma, en la manera de establecer  nuestra relación con el agua y los ríos. Sólo así conseguiremos que la Directiva Marco del Agua pueda aplicarse en todo su espíritu, en un escenario cognitivo, conceptual y emocional, construido sobre la sostenibilidad como pilar básico.

El agua en los medios de comunicación

El  imaginario colectivo que refleja el tratamiento del agua en los medios de comunicación españoles tiene que ver con que este elemento finito y frágil, ha sido desde antiguo una fuente de poder. El interés social y cultural por el agua en España es uno de los rasgos más característicos de su carácter mediterráneo.

Los medios de comunicación tienen un papel determinante en la comunicación pública, por cuanto contribuyen a la formación de conceptos básicos sobre los que la sociedad adopta sus decisiones colectivas. Por otro lado, la concentración de los medios de comunicación masiva en grandes grupos, en ocasiones dominados por empresas con intereses muy diversos como bancos o empresas de telecomunicaciones, determina que el tratamiento de la información en ocasiones pueda responder a intereses particulares en lugar de a un interés general.

En lo que se refiere al agua, podría aparentar que el tratamiento dado por los medios de comunicación españoles en las últimas décadas se ha quedado en la mayoría de las ocasiones reducido a noticias sobre denuncias y catástrofes. Aunque fuera cierto, que no lo es, los medios estarían contribuyendo a transmitir una visión negativa del agua, ligada a inundaciones, sequías, situaciones de escasez, etc. El agua sería sinónimo de problema.

Sin embargo, el agua está presente en numerosas informaciones de todo tipo en los medios de comunicación. Muchas veces no como principal protagonista, pero si como participante necesario en cuestiones relacionadas con la agricultura, la producción eléctrica o industrial, el desarrollo urbanístico, la batalla política, etc.

Las bases de la hidráulica moderna que se refleja en los medios de comunicación españoles de finales del siglo XX y comienzos del XXI se establecen a finales del siglo XIX e inicios del XX por el regeneracionismo. Proceden de esta corriente y de este momento histórico la mayoría de las ideas que se aceptan de manera común por la sociedad y que tienen su reflejo en los medios: la capacidad técnica como forma de dominación de la naturaleza, la intervención financiera de los poderes públicos y el agua como bien público que se privatiza por medio de derechos concesionales equivalentes a derechos de propiedad.

Juan Álvarez Mendizabal decía a comienzos del XIX: “España no será rica mientras los ríos desemboquen en el mar”. Una expresión que no resulta extraña hoy en muchos medios de comunicación, incluso en sus artículos editoriales.

El discurso productivista abanderado por Joaquín Costa tuvo su continuidad en las dictaduras de Primo de Rivera y de Francisco Franco. Así, en lo que se refiere al agua priman conceptos como la oferta de agua a través de la construcción de obra pública subvencionada, la expansión del regadío y la generación eléctrica.

La llegada de la democracia hizo que la atención se centrara en aspectos políticos más urgentes y no se produjo ninguna reflexión política ni social sobre el agua. La actual Ley de Aguas data de 1985 y posteriormente modificada en 1999, 2001, 2005 y 2007. Esta norma incluye el concepto de planificación hidrológica, y se trata del primer esfuerzo modernizador, aunque paradójicamente mantiene las ideas regeneracionistas.

La prensa también hereda conceptos como el de escasez natural del agua o la sistemática y masiva subvención de la obra hidráulica. Nace el concepto de desequilibrio hidrológico, que se basa en un concepto de injusticia de la naturaleza y se hace necesario rectificar este desorden natural. Un discurso que enlaza con la conceptualización de la ciencia como herramienta de dominación de la naturaleza.

Hasta casi el final del siglo XX, la política del agua siguió entendiéndose como integración territorial y de solidaridad entre regiones, que culminó ya a principios del siglo XXI con la presentación del Plan Hidrológico Nacional, lo que fué para muchos el último exponente de esta tradición de política basada en la máxima oferta posible de recursos hídricos.

En el siglo actual no se puede hablar de una única concepción o cultura del agua sino de muchas, al igual que tampoco existe una única moralidad o racionalidad. A través de los medios de comunicación es posible el reconocimiento de la pluralidad de las apreciaciones de la realidad, tanto social como ambiental: el análisis de las interrelaciones entre cultura, política y medio ambiente.

Así, los medios reflejan concepciones del agua diversas, en ocasiones incluso dentro de una misma cabecera o emisora, aunque en la mayoría de ellas subyace una visión productivista, como se ha comentado. Así, en el discurso del agua de los medios se aprecia una corriente de tipo patriótica o nacionalista (tanto en sentido centrípeto como centrífugo), en la que el agua se presenta como un bien propio que es necesario conservar de agresiones externas, o como un elemento de solidaridad entre regiones. En este sentido, desde el enfoque más patriótico, se han dado expresiones como “la última diferencia que separa España: aquella que divide el país entre la España seca y la España húmeda”, “el desequilibrio hídrico que sufre el país”, “la España seca y la España húmeda”, “el agua es de todos” y otras del estilo.

En al línea contraria, aunque el enfoque sea igualmente nacionalista, se habla del como un elemento atávico de identidad que se remonta en la antigüedad.

Ambos apelan a los sentimientos de pertenencia a un colectivo en lugar de abordar la cuestión desde el punto de vista científico o simplemente racional.

Sin embargo, el enfoque nacionalista (en cualquiera de sus versiones) suele coincidir con otro de tipo desarrollista, centrado en la necesidad de realizar aquellas obras hidráulicas que permitan asegurar e impulsar el modelo de crecimiento económico y que permitan satisfacer el continuado aumento de las necesidades de consumo de agua. Así, se habla de “agua que se pierde en el mar”, “reserva hidrológica presente y futura”, por ejemplo.

Y ello llega acompañado habitualmente de refuerzos desde el contexto legal y económico. Puntos de vista que se suelen presentar como argumentos de autoridad, a través de “expertos” en la materia que se sitúan por encima del ciudadano y a los que no resulta posible rebatir. El lenguaje en estos casos se hace oscuro, se aboga por la ortodoxia y se aleja de cualquier debate social.

Paradójicamente, en ocasiones los mismos medios también aportan una visión centrada en la defensa del medio ambiente, en donde se destaca la importante función de los ríos en el mantenimiento de los ecosistemas naturales y en la que se habla de la calidad de los recursos hídricos.

Son menos, aunque han ganado terreno en los últimos lustros, las ocasiones en las que se aborda la cuestión desde la integración de las dimensiones ecológica, social y económica en la planificación y la gestión de los recursos hídricos. No obstante, algunos conceptos parecen ir calando, como las estrategias de reutilización o la gestión de la demanda.

Por último, cabe citar un enfoque que resulta el más común de todos y es el que tiene como eje el agua como elemento de catástrofe. Ya sea en forma de exceso (inundaciones) o de falta (sequías, escasez), aunque también de pérdida del recurso por efecto de la contaminación. La alarma y la concepción local y puntual del problema suelen marcar estas informaciones, que rara vez abordan las causas últimas de los desastres con una concepción global, tanto en el espacio como en el tiempo.

Así que el agua se aborda en los medios de comunicación con una enorme, aunque aparente, pluralidad. Y el problema de esta apariencia está, sobre todo, en el reducido número de fuentes informativas que suelen aparecer en las informaciones. Fuentes interesadas en su gran mayoría y cuyo objetivo es, muchas veces, manipular a periodistas carentes de formación y de criterio cuando se abordan cuestiones que requieren un conocimiento especializado.

En este sentido, cabe citar los constantes tentativas de control político del discurso mediático del agua, en un claro intento de manipular la opinión pública. De hecho, se observa cómo a lo largo de las últimas décadas, el discurso oficial del Gobierno de turno y los intereses de los partidos políticos han ido marcando tanto la terminología como la agenda mediática, a través de la ocultación de aquellas informaciones que no coincidían con los intereses del momento.

Así, se presenta una supuesta realidad que se construye sobre mentiras, deformaciones, medias verdades e incluso episodios de censura informativa en los medios públicos. Así, fruto del discurso oficial, se observan en los medios afirmaciones del tipo:

  • Tal obra es de interés general (declaración de tipo político) y, por tanto, es necesaria.
  • El agua es de todos.
  •  Un proyecto (el que sea) es bueno porque ha recibido un amplio apoyo (de tipo político).
  • Un proyecto es bueno porque la alternativa es mala.
  • Los expertos apoyan tal obra (cuando en realidad son expertos en otro –ámbito o tienen intereses directos en el proyecto).
  • Existe una España seca y una España húmeda.
  • El sur y el levante español necesitan agua.
  • Se necesita el trasvase para reequilibrar el desajuste hidrológico de España.
  • Sobra agua del Ebro que se vierte al mar innecesariamente.
  • El Gobierno (al nivel que sea) hace todo lo posible por conseguir un consenso con todas las partes implicadas.

Cabe citar, un estudio realizado por Cisneros Britto en 2003 sobre el debate del agua y centrado en las informaciones de los diarios ABC y El País.  La investigadora señala que el reflejo de este elemento en la prensa es reflejo de la “mentalidad pseudocientífica” y la “visión del mundo mecanicista”. Además, establece la línea argumental que defiende cada uno de ellos respecto a esta cuestión:

“La postura del ABC no es que sea más o menos ambientalista, es que ignora totalmente que el ambiente esté relacionado con el agua. Para este medio, el agua es un líquido que transcurre por unas tuberías a cielo abierto que se llaman ríos y que los hombres de unos territorios semidesérticos ven marcharse al mar. El mar es una especie de agujero negro de la naturaleza porque una vez que se traga el valioso elemento ya no se puede extraer porque es muy caro y complicado”.

“El agua para El País es un límite al desarrollo económico y, por tanto, asunto delicado para los políticos que prometen desarrollismo”.