El agua en los medios de comunicación

El  imaginario colectivo que refleja el tratamiento del agua en los medios de comunicación españoles tiene que ver con que este elemento finito y frágil, ha sido desde antiguo una fuente de poder. El interés social y cultural por el agua en España es uno de los rasgos más característicos de su carácter mediterráneo.

Los medios de comunicación tienen un papel determinante en la comunicación pública, por cuanto contribuyen a la formación de conceptos básicos sobre los que la sociedad adopta sus decisiones colectivas. Por otro lado, la concentración de los medios de comunicación masiva en grandes grupos, en ocasiones dominados por empresas con intereses muy diversos como bancos o empresas de telecomunicaciones, determina que el tratamiento de la información en ocasiones pueda responder a intereses particulares en lugar de a un interés general.

En lo que se refiere al agua, podría aparentar que el tratamiento dado por los medios de comunicación españoles en las últimas décadas se ha quedado en la mayoría de las ocasiones reducido a noticias sobre denuncias y catástrofes. Aunque fuera cierto, que no lo es, los medios estarían contribuyendo a transmitir una visión negativa del agua, ligada a inundaciones, sequías, situaciones de escasez, etc. El agua sería sinónimo de problema.

Sin embargo, el agua está presente en numerosas informaciones de todo tipo en los medios de comunicación. Muchas veces no como principal protagonista, pero si como participante necesario en cuestiones relacionadas con la agricultura, la producción eléctrica o industrial, el desarrollo urbanístico, la batalla política, etc.

Las bases de la hidráulica moderna que se refleja en los medios de comunicación españoles de finales del siglo XX y comienzos del XXI se establecen a finales del siglo XIX e inicios del XX por el regeneracionismo. Proceden de esta corriente y de este momento histórico la mayoría de las ideas que se aceptan de manera común por la sociedad y que tienen su reflejo en los medios: la capacidad técnica como forma de dominación de la naturaleza, la intervención financiera de los poderes públicos y el agua como bien público que se privatiza por medio de derechos concesionales equivalentes a derechos de propiedad.

Juan Álvarez Mendizabal decía a comienzos del XIX: “España no será rica mientras los ríos desemboquen en el mar”. Una expresión que no resulta extraña hoy en muchos medios de comunicación, incluso en sus artículos editoriales.

El discurso productivista abanderado por Joaquín Costa tuvo su continuidad en las dictaduras de Primo de Rivera y de Francisco Franco. Así, en lo que se refiere al agua priman conceptos como la oferta de agua a través de la construcción de obra pública subvencionada, la expansión del regadío y la generación eléctrica.

La llegada de la democracia hizo que la atención se centrara en aspectos políticos más urgentes y no se produjo ninguna reflexión política ni social sobre el agua. La actual Ley de Aguas data de 1985 y posteriormente modificada en 1999, 2001, 2005 y 2007. Esta norma incluye el concepto de planificación hidrológica, y se trata del primer esfuerzo modernizador, aunque paradójicamente mantiene las ideas regeneracionistas.

La prensa también hereda conceptos como el de escasez natural del agua o la sistemática y masiva subvención de la obra hidráulica. Nace el concepto de desequilibrio hidrológico, que se basa en un concepto de injusticia de la naturaleza y se hace necesario rectificar este desorden natural. Un discurso que enlaza con la conceptualización de la ciencia como herramienta de dominación de la naturaleza.

Hasta casi el final del siglo XX, la política del agua siguió entendiéndose como integración territorial y de solidaridad entre regiones, que culminó ya a principios del siglo XXI con la presentación del Plan Hidrológico Nacional, lo que fué para muchos el último exponente de esta tradición de política basada en la máxima oferta posible de recursos hídricos.

En el siglo actual no se puede hablar de una única concepción o cultura del agua sino de muchas, al igual que tampoco existe una única moralidad o racionalidad. A través de los medios de comunicación es posible el reconocimiento de la pluralidad de las apreciaciones de la realidad, tanto social como ambiental: el análisis de las interrelaciones entre cultura, política y medio ambiente.

Así, los medios reflejan concepciones del agua diversas, en ocasiones incluso dentro de una misma cabecera o emisora, aunque en la mayoría de ellas subyace una visión productivista, como se ha comentado. Así, en el discurso del agua de los medios se aprecia una corriente de tipo patriótica o nacionalista (tanto en sentido centrípeto como centrífugo), en la que el agua se presenta como un bien propio que es necesario conservar de agresiones externas, o como un elemento de solidaridad entre regiones. En este sentido, desde el enfoque más patriótico, se han dado expresiones como “la última diferencia que separa España: aquella que divide el país entre la España seca y la España húmeda”, “el desequilibrio hídrico que sufre el país”, “la España seca y la España húmeda”, “el agua es de todos” y otras del estilo.

En al línea contraria, aunque el enfoque sea igualmente nacionalista, se habla del como un elemento atávico de identidad que se remonta en la antigüedad.

Ambos apelan a los sentimientos de pertenencia a un colectivo en lugar de abordar la cuestión desde el punto de vista científico o simplemente racional.

Sin embargo, el enfoque nacionalista (en cualquiera de sus versiones) suele coincidir con otro de tipo desarrollista, centrado en la necesidad de realizar aquellas obras hidráulicas que permitan asegurar e impulsar el modelo de crecimiento económico y que permitan satisfacer el continuado aumento de las necesidades de consumo de agua. Así, se habla de “agua que se pierde en el mar”, “reserva hidrológica presente y futura”, por ejemplo.

Y ello llega acompañado habitualmente de refuerzos desde el contexto legal y económico. Puntos de vista que se suelen presentar como argumentos de autoridad, a través de “expertos” en la materia que se sitúan por encima del ciudadano y a los que no resulta posible rebatir. El lenguaje en estos casos se hace oscuro, se aboga por la ortodoxia y se aleja de cualquier debate social.

Paradójicamente, en ocasiones los mismos medios también aportan una visión centrada en la defensa del medio ambiente, en donde se destaca la importante función de los ríos en el mantenimiento de los ecosistemas naturales y en la que se habla de la calidad de los recursos hídricos.

Son menos, aunque han ganado terreno en los últimos lustros, las ocasiones en las que se aborda la cuestión desde la integración de las dimensiones ecológica, social y económica en la planificación y la gestión de los recursos hídricos. No obstante, algunos conceptos parecen ir calando, como las estrategias de reutilización o la gestión de la demanda.

Por último, cabe citar un enfoque que resulta el más común de todos y es el que tiene como eje el agua como elemento de catástrofe. Ya sea en forma de exceso (inundaciones) o de falta (sequías, escasez), aunque también de pérdida del recurso por efecto de la contaminación. La alarma y la concepción local y puntual del problema suelen marcar estas informaciones, que rara vez abordan las causas últimas de los desastres con una concepción global, tanto en el espacio como en el tiempo.

Así que el agua se aborda en los medios de comunicación con una enorme, aunque aparente, pluralidad. Y el problema de esta apariencia está, sobre todo, en el reducido número de fuentes informativas que suelen aparecer en las informaciones. Fuentes interesadas en su gran mayoría y cuyo objetivo es, muchas veces, manipular a periodistas carentes de formación y de criterio cuando se abordan cuestiones que requieren un conocimiento especializado.

En este sentido, cabe citar los constantes tentativas de control político del discurso mediático del agua, en un claro intento de manipular la opinión pública. De hecho, se observa cómo a lo largo de las últimas décadas, el discurso oficial del Gobierno de turno y los intereses de los partidos políticos han ido marcando tanto la terminología como la agenda mediática, a través de la ocultación de aquellas informaciones que no coincidían con los intereses del momento.

Así, se presenta una supuesta realidad que se construye sobre mentiras, deformaciones, medias verdades e incluso episodios de censura informativa en los medios públicos. Así, fruto del discurso oficial, se observan en los medios afirmaciones del tipo:

  • Tal obra es de interés general (declaración de tipo político) y, por tanto, es necesaria.
  • El agua es de todos.
  •  Un proyecto (el que sea) es bueno porque ha recibido un amplio apoyo (de tipo político).
  • Un proyecto es bueno porque la alternativa es mala.
  • Los expertos apoyan tal obra (cuando en realidad son expertos en otro –ámbito o tienen intereses directos en el proyecto).
  • Existe una España seca y una España húmeda.
  • El sur y el levante español necesitan agua.
  • Se necesita el trasvase para reequilibrar el desajuste hidrológico de España.
  • Sobra agua del Ebro que se vierte al mar innecesariamente.
  • El Gobierno (al nivel que sea) hace todo lo posible por conseguir un consenso con todas las partes implicadas.

Cabe citar, un estudio realizado por Cisneros Britto en 2003 sobre el debate del agua y centrado en las informaciones de los diarios ABC y El País.  La investigadora señala que el reflejo de este elemento en la prensa es reflejo de la “mentalidad pseudocientífica” y la “visión del mundo mecanicista”. Además, establece la línea argumental que defiende cada uno de ellos respecto a esta cuestión:

“La postura del ABC no es que sea más o menos ambientalista, es que ignora totalmente que el ambiente esté relacionado con el agua. Para este medio, el agua es un líquido que transcurre por unas tuberías a cielo abierto que se llaman ríos y que los hombres de unos territorios semidesérticos ven marcharse al mar. El mar es una especie de agujero negro de la naturaleza porque una vez que se traga el valioso elemento ya no se puede extraer porque es muy caro y complicado”.

“El agua para El País es un límite al desarrollo económico y, por tanto, asunto delicado para los políticos que prometen desarrollismo”.

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LA CRISIS DEL AGUA

El planeta se está quedando sin agua dulce, y sin ella la vida es imposible. El ser humano cabalga sobre un sistema capitalista cuya meta es acumular beneficio económico, y avanza tan rápido que ha perdido visión sistémica -somos interconexiones, somos un planeta-, sólo ve su realidad y el corto plazo. De esta manera estamos destruyendo nuestras fuentes de agua: la extraemos de ríos o acuíferos para la agricultura, la industria, para beber… mucho más rápido de lo que la naturaleza la puede reponer; la desviamos por tuberías hacia cultivos que la necesitan pero también para cultivos poco apropiados al clima y al territorio, para regar campos de golf o para los monocultivos de agrocombustibles que están invadiendo el continente africano; el abastecimiento de agua de las enormes zonas urbanas es muy exigente; comerciamos millones de litros de “agua virtual”, incorporados en la enorme cantidad de productos que recorre fronteras bajo los dictámenes de un modelo de consumo y de alimentación desconectadas de los ritmos de la naturaleza; la deforestación y degradación que hacemos de nuestros bosques acaba reduciendo la cantidad de lluvia que recibimos; y desde luego el cambio climático que el ser humano está provocando es responsable de una mayor evaporación de las aguas superficiales y está derritiendo los glaciares.

La urbanización de nuestros modos de vida es un factor fundamental de la actual demanda de agua. Un habitante urbano consume en promedio tres veces más agua que un habitante rural. Una persona alemana consume en promedio nueve veces más agua que una de la India.

Y así nos encontramos que la provisión de agua dulce ya no alcanza a nivel mundial (en 2008, una de cada cinco personas en el mundo ya no tienen acceso a agua potable segura) y se prevé que para 2025, el promedio mundial de abastecimiento de agua por habitante disminuirá en un tercio, significando que dos tercios de los habitantes del planeta habrán de enfrentar escasez de agua.

Educación y ciudadanía. Educar para una nueva cultura del agua.

En los últimos 20 años se ha desarrollado un avance importante en relación a la reflexión sobre la gestión del agua y los recursos hídricos. Desde la “Nueva Cultura del Agua” se ha aportado un marco teórico sobre los valores en juego y la necesidad de  repensar los modelos de gestión desde una visión ecosistémica. La  Directiva Marco del Agua (DMA), vigente en la Unión Europea desde finales del año 2000, promueve este  nuevo enfoque, estableciendo como objetivo central recuperar y conservar el buen estado ecológico de ríos, lagos y humedales.  La biodiversidad  pasa a ser el mejor testigo, no sólo de la calidad de las aguas, sino del buen funcionamiento de los ecosistemas.

A pesar de ello los enfoques productivistas y el enfoque de la gestión del recurso como un bien económico desde la lógica del libre mercado siguen teniendo un peso importante.

¿Que puede aportar la Educación Ambiental a la ciudadanía?

Si bien cada vez existe más sensibilización hacia los temas ambientales, es bien cierto que el conjunto de la población esta influido por los patrones culturales de la sociedad y  los mensajes que recibe desde los medios de comunicación. En el tema del agua y de los ríos, al igual que en muchos otros, está comprobado que por un lado se carece de información y formación suficiente para tener criterio de opinión razonado que permita tomar decisiones individuales y colectivas y por otro lado hay unos hábitos que impregnan el hacer cotidiano y dificultan la acción responsable.

Algunos aspectos o casos concretos sobre los que reflexionar:

  • Campañas de ahorro de agua. Se han hecho muchas campañas de educación a la ciudadanía   centradas fundamentalmente en el ahorro en los hogares. Si analizamos sus contenidos, casi todos están referidos a consejos de comportamiento. Sin quitar el valor que estas recomendaciones tiene de cara a conseguir un menor consumo de agua, en mi opinión suele faltar la relación entre el ciclo de agua en las viviendas y el río. Se habla de que el agua es escasa y por tanto hay que ahorrar pero suele faltar la relación con el río del que se abastece la población destinataria de las campañas y cuando se informa sobre el ahorro conseguido tampoco se relaciona con si este dato está consiguiendo que haya mas o menos caudal circulando por el río. Es decir, si nuestros cambios de comportamiento están repercutiendo realmente en mejorar el ecosistema fluvial.
  • Campañas sobre la biodiversidad de los ríos. Muchas de las campañas que se hacen se centran en que la población conozca la flora y fauna, aspecto interesante pero insuficiente ya que la biodiversidad de un río viene condicionada por otros factores entre los que el régimen de caudales es clave y sobre los que existe una gran desinformación.  En esta línea, es interesante la comparación que Narcís Prat hace entre el hidrograma que refleja los m3/s que lleva un río a lo largo del año, con un electrocardiograma de una persona que nos indica los latidos del corazón. Cada río tiene su propio latido que viene reflejado en los picos de la gráfica del hidrograma y éste es la esencia de su personalidad, cambiarlo significa modificar el estado del ecosistema. En la actualidad los ríos están totalmente regulados y el corazón del río late al ritmo que marcan los intereses económicos diversos de tal forma que en ocasiones algunos ríos pueden llegar a tener un “electrocardiograma” plano. Devolver el latido natural al río con sus máximos y mínimos es fundamental para su biodiversidad.[1]En esta línea hay todo un conjunto de tópicos que rigen el pensamiento de muchas personas: “las inundaciones siempre acarrean problemas, hay que defenderse de ellas”, “el agua se pierde en el mar”, “los ríos tienen que ir con un caudal fijo que permita la vida”, etc. Educar a la población en este aspecto es clave.
  • Analizar las actuaciones realizadas y reflexionar sobre las mismas: Bajo la denominación de “proyecto de restauración fluvial” o “parque fluvial” se han realizado un gran número de intervenciones en los ríos que si bien han supuesto un acercamiento del ciudadano que utiliza los paseos realizados en sus orillas para realizar múltiples actividades (paseo a pie o en bici, deporte, etc.), no siempre ha supuesto la mejora del ecosistema fluvial. En muchas ocasiones un parque bien urbanizado con escolleras en las orillas, con azudes para generar una lámina de agua estable, etc., gozan del apoyo de la población que carece de la formación necesaria para juzgar las repercusiones para el río de dichas intervenciones. Sería importante favorecer la reflexión en torno a estas actuaciones locales que forman parte de nuestra vida cotidiana para  ver en que medida están contribuyendo a la mejora del ecosistema fluvial o lo están perjudicando v si están siguiendo los criterios establecidos en la Directiva Marco del Agua y en la Estrategia de Restauración Fluvial aprobada por el Ministerio de Medio Ambiente.
  • Trabajar en el sector agrícola: En España cerca del 80% de los recursos hídricos se utilizan en la agricultura y ésta es la responsable de una importante contaminación difusa en los acuíferos. En muchos lugares, las Confederaciones han permitido que la agricultura ocupe una parte importante de la llanura de inundación del ríoy existe un permanente debate sobre las actuaciones que hay que realizar en los cauces ( dragados, limpieza..) para defender los campos agrícolas de las inundaciones. Sin embargo apenas existen programas de educación ambiental destinados a este sector. Es importante trabajar con sindicatos agrícolas y población rural con el fin de poder poner en marcha experiencias que permitan cambiar la percepción que el agricultor/a tiene sobre el río y avanzar en la modificación de hábitos y comportamientos y capacitar para la busqueda de soluciones desde la perspectiva de convivir con el río y no contra el río.
  • Los modelos de gestión del ciclo del agua y la participación: En muchas ocasiones en los programas educativos la participación se limita a dar instrucciones para que la población las ejecute: campañas de ahorro de agua, de vertidos, etc., en los que se invita a realizar una serie de acciones sobre un modelo de gestión que otros han decidido de antemano.Por lo general, no se crean espacios que permitan reflexionar sobre los  diferentes sistemas de gestión del agua en una red de abastecimiento y saneamiento, de los costes asociados, de los resultados obtenidos, antes de la adoopción de la toma de decisiones. La Educación Ambiental debe facilitar también esta información que permita que la ciudadanía pueda tener criterio de opinión para juzgar los modelos de gestión del agua en su ciudad y para tener una mayor capacitación para una participación activa.
  • La participación como elemento clave: Desde sus orígenes, la Educación Ambiental surgió como una herramienta de apoyo en la búsqueda de soluciones a los problemas ambientales.  En esta línea se planteaba que debía ir dirigida a los diferentes sectores de población y que la información y formación eran elementos que debían capacitar para el análisis de los conflictos socioambientales, para el debate de alternativas y para la acción y el compromiso.  Por tanto, los programas educativos deben incorporar esta dimensión y animar a la población a participar tanto individual como colectivamente en el ámbito de su comunidad, capacitarles para que aprovechen los cauces de participación existentes, y ayudarles  a la vez a crear otros nuevos.[2]

El agua y la educación, muchos caminos transitados

Si hubiera una palabra para adosar a educación sería búsqueda, si pensásemos en agua elegiríamos fluir. La noción del agua es algo siempre inconcluso que fluye a lo largo de la vida de las personas. Dado que a la educación se llega por caminos diversos como la imitación o la construcción personal, la noción del agua, que siempre es compleja, habría de apoyarse en una educación viva y continuada que llevase a modificaciones de conducta. Estas se consolidan mejor si el ambiente social es favorable al cambio buscado. Escuela y sociedad habrían de ponerse de acuerdo en generar nuevas dinámicas sobre el agua. Para ello son necesarios espacios de participación que favorezcan el sentido de responsabilidad compartida: eje de las modificaciones de conducta consistentes, aquellas que denotan cambios de actitud.

Desde hace años, el agua impregna muchas actividades formativas en los centros educativos. Unas veces lo hace en forma de efemérides, en otras ocasiones como parte de la enseñanza reglada (no es extraño que predomine esta forma pues siempre ha figurado como un contenido escolar en los programas de la educación obligatoria). Los materiales y publicaciones elaborados en los últimos 30 años por administraciones, editoras, asociaciones u ONG han fluido a borbotones por las escuelas. Tras este aluvión de actuaciones algunos pensarán que los cambios inducidos han sido muchos, otros dirán lo contrario. Para centrar el debate y el sentido de la propuesta que aquí presentamos deberíamos preguntarnos si las diferentes actuaciones, ahora y siempre, se han preocupado por definir con claridad sus objetivos o bien daban por supuestas las bondades intrínsecas que trabajar con el agua conlleva, habida cuenta de la trascendencia socioeconómica y naturobiológica que tiene en la vida cotidiana. Para el desarrollo de la lectura crítica de nuestra visión educadora del agua es trascendental el CONTEXTO (el formato) de las intervenciones. Habrá que decidir si serán más eficaces actuaciones puntuales y sencillas o son preferibles otras prolongadas durante todo el año, y si en algún caso que se trabajan temas importantes deberían durar más de un curso escolar. Parece conveniente, sean de una tipología u otra, que se busque la implicación de todo el centro y que incluso la cultura global del agua compartida pueda impregnar los proyectos educativos.

Otra de las variables de la cultura social sobre el agua lo constituyen los CONTENIDOS que la formalizan. En las escuelas predominan los que relacionan ciencia y agua en el marco de materias clásicas como las Ciencias naturales o la Geografía. Persisten los trabajos sobre historias y tradiciones del agua y últimamente crecen las cuestiones ligadas al abastecimiento y saneamiento. Todos estos temas presentan un concepto de agua estanca, poco preocupada por la modificación de conductas y sin establecer cauces de participación comprometida. El fluir del agua se conseguiría mejor si se abordasen problemáticas sociales relacionadas con el uso cotidiano del agua, tales como la gestión del agua y ríos en entornos próximos, el agua en el mundo y su gobernabilidad.

La educación que se formaliza en las aulas precisa para su eficacia unos PROCESOS metodológicos organizados; no sirve cualquier estrategia didáctica. En estos momentos la mayoría de las acciones sobre el agua en el ámbito escolar se realizan dentro del trabajo de clase o de materia. Así no es extraño que predomine la adquisición de conceptos antes que la reflexión participativa. Cuando se da protagonismo al agua se hace en talleres, en excursiones largas o en salidas a enclaves y servicios próximos, aprovechando su vertiente lúdica. Cabe pensar que las estrategias didácticas que están detrás del resto de las actividades (días o semanas dedicados al agua, conferencias, exposiciones o visionado de audiovisuales) no son suficientemente consistentes para favorecer el cambio de conductas. Sin duda las actuaciones participativas (debates, campañas, concursos creativos, encuestas, actuaciones en el marco familiar, etc.) son más favorables para crear estados de opinión y facilitan programas posteriores de intervención.

En demasiadas ocasiones, las buenas intenciones de los centros educativos y el empuje de profesores implicados, llevan a acometer intervenciones demasiado impregnadas del marketing ambiental sobre el agua frente a otras opciones más orientadas al compromiso. Para revertir esa situación hay que aprovechar las ganas de trabajar y el potencial transformador de las escuelas, que sigue latente. Por eso, como todavía es posible enriquecer la cultura social habría que programar las actuaciones pensando en su:

CONTEXTO:

Son más eficaces si intentan la progresiva generalización en todo el centro aunque se pudiese empezar con actuaciones concretas con grupos más reducidos de alumnos. Así se favorece la implicación en acciones en entornos próximos, aunque estas se puedan expandir si se participa en redes de escuelas ya existentes en España y el mundo. Suelen ser útiles los compromisos de toda la comunidad educativa que se pueden refrendar en un documento público.

CONTENIDOS:

Parten de la elección razonada de las temáticas que se trabajen, ajustadas a cuestiones básicas de desarrollo curricular y a temas de incidencia social próxima o lejana: problemas en el suministro de agua, episodios de contaminación, conflictos sociales por la distribución, desigualdades entre Primer y Tercer Mundo. Sin duda, funcionan mejor las que poseen un hilo argumental que dé sentido a toda la secuencia de aprendizaje.

PROCESO:

Sería conveniente la superación de los tratamientos episódicos a favor de actuaciones de intervención curricular del centro educativo para potenciar la dimensión global del agua, como aquellas que utilizan la estrategia de resolución conjunta de problemas. La secuencia de acciones debería contener una primera aproximación global al agua para identificar la situación y analizar las causas. Se puede partir de las ideas previas de los alumnos, aprovechar el seguimiento de noticias y sucesos del agua en la prensa o utilizar estrategias como el tratamiento de dilemas morales. A continuación ha de haber una propuesta de actuaciones y un posterior desarrollo de acciones. Si falta la valoración y la comunicación de resultados se quedan estancas y apenas generan modificaciones de conducta visibles y permanentes.

Deconstruir para construir: un reto para la educación en la Nueva Cultura del Agua

La aprobación de la Directiva Marco del Agua (2000/60/CE), en el año 2000, ha supuesto un profundo cambio en la manera de gestionar el agua y de entender nuestra relación con el medio hídrico. Uno de retos fundamentales que plantea la DMA es precisamente el cambio de mentalidad en la gestión del agua. Para afrontar, con éxito, ese cambio de mentalidad es necesaria una gran labor de pedagogía social así como una crucial corresponsabilización de todos los agentes sociales interesados. Uno de los factores que dificultan más este cambio cultural, es la pervivencia de un lenguaje cargado de  tópicos del agua.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española al referirse al término “tópico”, lo hace de la siguiente manera: “perteneciente o relativo a la expresión trivial o muy empleada”, “expresión vulgar o trivial”. En realidad, el tópico no necesita lógica y es aceptado socialmente sin cuestionar el planteamiento que lo sustenta. El tópico carece de fundamento científico y es interiorizado por el individuo como un concepto preconcebido que es asumido, desde la necedad, sin reflexión previa. Su utilización en el lenguaje ha condicionado un tipo de pensamiento unidireccional, que en el caso de los temas relacionados con el agua, ha servido para generar una manera de pensar que ha encubierto la realidad y que ha contribuido a generar un modelo de pensamiento, fundamentalmente estructuralista,  según el cual el agua ha sido considerada como un simple recurso económico al servicio de la producción, entendiendo que su fin no es otro que el de generar riqueza.

Algunos autores, como el profesor Ramón Llamas, al referirse a esta cuestión lo hacen utilizando el término hidromito “…Entendemos por hidromito aquella idea errónea desde el punto de vista práctico, sobre algo relacionado con el agua, y que está ampliamente difundida entre el gran público e, incluso, entre gran parte de la comunidad científica y de la Administración Hidráulica. Se trataría de una especie de axioma que prácticamente se toma como un hecho cierto sobre el que no cabe la discusión. La amplia difusión de estas ideas se debe, principalmente, a que tienen un cierto fundamento en algún hecho real que es interpretado de un modo sesgado y parcial…” (En “Conocimiento, educación e información sobre las aguas subterráneas en España. LLAMAS, 1997). En realidad se estaría haciendo referencia a mitos sobre el agua y, en este sentido, el diccionario de la Real Academia define mito como cosa inventada por alguien que intenta hacerla pasar por verdad”.

En realidad, la pervivencia de estos tópicos entre la ciudadanía no han hecho sino favorecer el enmascaramiento de los verdaderos problemas que giran entorno al mundo del agua. Hoy en día, el poder mediático de los medios de comunicación, ha facilitado que el lenguaje de los tópicos del agua se haya extendido con facilidad al conjunto de la sociedad. De la misma manera que el conocimiento científico puede ser  expresado y comunicado por los medios, el no-conocimiento puede hacerlo también con la misma profusión y contundencia (KUNDERA, 1987). Este mismo autor lo expresa de la siguiente manera: “…el irresistible incremento de las ideas preconcebidas que, una vez inscritas en los ordenadores, propagadas por los medios de comunicación, amenazan con transformarse pronto en una fuerza que aplastará cualquier pensamiento original e individual y ahogará así la esencia misma de la cultura europea de la Edad Moderna…”. El problema principal se manifiesta cuando el lenguaje de los tópicos se apropia de la verdad y al poder le interesa seguir manteniendo la ignorancia en la sociedad, en beneficio de sus propios intereses. En este sentido podemos decir que algunos de estos falsos paradigmas han sido utilizados para justificar la política de aguas fundamentada en el estructuralismo hidráulico. Pero en una sociedad moderna con mayor sensibilidad ambiental, los tópicos no pueden ser utilizados como coartada para seguir manteniendo políticas de aguas que supongan una mayor degradación del medio hídrico.

Con todo ello, los tópicos y/o hidromitos se han convertido en acepciones semánticas aceptadas socialmente como válidas, debido a las inercias históricas e institucionales, a un cierto grado de ignorancia existente y a los intereses de determinados grupos de poder, pero que nada tienen que ver con la realidad científica y social. Son falsos modelos de pensamiento o paradigmas que urge cambiar para avanzar hacia una Nueva Cultura del Agua. Sin duda, el mantenimiento y el uso de estos tópicos del agua, es el principal obstáculo para poder avanzar en la construcción de un nuevo modelo de pensamiento social que permita instaurar una nueva ética hidrológica y una Nueva Cultura del Agua.

Manualidades con temas del agua.

https://www.pinterest.es/explore/manualidades-con-temas-de-agua/?lp=true

El Ayuntamiento de Boadilla (PP) gasta la mitad en agua y refrescos desde que dejó de contratar con el padre de un concejal

https://www.elplural.com/politica/2018/03/09/ayuntamiento-boadilla-gasto-agua-empresa-padre-concejal