Nestlé y su conflicto por el agua en Michigan y otras noticias de la prensa internacional

La conmoción tras el atentado tras un concierto en Manchester y las pistas que apuntan a que el terrorista suicida que segó las vidas de 22 personas podría haber sido ayudado por una red de yihadistas destacan en las portadas de los principales medios de comunicación internacionales. Al margen de esta noticia, la prensa extranjera nos deja este jueves 25 de mayo otros titulares relevantes.

The New York Times: El diario neoyorkino informa sobre el conflicto en la localidad norteamericana de Stanwood, donde tiene una planta embotelladora. La compañía puede sacar 130 millones de galones de agua al año casi sin coste alguno. Ahora ha desatado una lucha política al solicitar autorización para bombear agua. Los vecinos de la localidad dudan de que el impacto medioambiental sea insignificante, como asegura la multinacional.

The Guardian: La cabecera londinense publica un estudio que revela que la mayoría de los británicos piensa que las minorías étnicas amenazan la cultura británica. La investigación indica que un cuarto de la población cree que los inmigrantes les quitan el trabajo. La mayoría también piensa que el Reino Unido será menos capaz de lidiar con la crisis de refugiados después del Brexit.

The Independent: El periódico británico explica que el caso del asesinato de un niño hace 20 años sigue afectando a Suecia. Se ha reabierto al investigación del caso “Kevin”, en el que dos jóvenes fueron acusados de asesinar a un niño de cuatro años.

Politico.eu: El portal de información política especializado en Europa publica un reportaje sobre la larga caída de Marine Le Pen. Tras perder las presidenciales, la líder de la extrema derecha francesa se presenta a las elecciones parlamentarias a regañadientes.

Haaretz: El rotativo israelí asegura que tras los viajes de Trump a Israel y Arabia Saudita, la Alt-right estadounidense está listo para abandonar aTrump. Las propuestas del presidente estadounidense al mundo musulmán sunita y su rezo en el Muro de las Lamentaciones, en un gesto a los judíos, irrita a los nacionalistas blancos y a la extrema derecha estadounidense.

Le Monde: El diario parisino explica en un vídeo de tres minutos para qué sirve la Organización Mundial de la Salud. En general, se escucha hablar de la OMS en dos casos: cuando los periodistas dan información sobre la salud en el mundo y cuando el organismo de la ONU elige a un nuevo líder. Este fue el caso el pasado martes 23 de mayo: el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus fue elegido director general de la organización. Reemplaza a la china Margaret Chan, convirtiéndose en el primer ciudadano de África que dirige este organismo.

Middle East Eye: El portal de información especializada en Oriente Medio informa de que Egipto ha bloqueado el acceso a 21 páginas web, incluyendo la de la cadena de noticias catarí Al Jazeera. Los portales fueron bloqueados bajo la acusación de ser afines a la proscrita organización de los Hermanos Musulmanes o por estar financiados por Qatar, dijeron fuentes de la seguridad egipcia.

Los Andes siembra lluvia para hacer frente a la sequía

En la localidad peruana de Huacapunco, en la región andina de Cuzco, estaban buscando financiación para represar una qocha (laguna en quechua) en la parte alta de su distrito. El objetivo era poder canalizar el agua, cada vez más escasa por la falta de regularidad de las precipitaciones en la época de lluvias y el sobrepastoreo, hacia sus zonas de pastos y de cultivos. Sin embargo, cuando llamaron a la puerta del Programa de Adaptación al Cambio Climático (PACC) en Perú, un proyecto de la cooperación internacional suiza, encontraron una propuesta todavía mejor y mucho más barata: sembrar el agua de la lluvia para alimentar los acuíferos que surtían sus manantiales.

Esta técnica se llama siembra de agua y ya era usada por los incas, pero se había perdido. Desde hace unos años está siendo cada vez más demandada por los pueblos andinos con problemas de agua gracias a sus buenos resultados.

Las qochas, explica Flavio Valer, asesor del PACC y uno de los impulsores de la siembra de agua, pertenecen a una práctica antigua que consiste en almacenar agua en lagunas naturales en las zonas altas de forma que sirvan de abrevadero, “pero indirectamente ese agua se está infiltrando al suelo y aportando caudal a los manantes” o puquios, como denominan en las regiones andinas de Perú a los manantiales, que brotan el la parte baja, por la ladera de la montaña.

“Pero no se ha continuado con este almacenaje y en los último 100 años más bien al contrario, mucha gente ha drenado las qochas para sacar el agua y regar más abajo”, explica Valer. De este modo, “han estado atentando contras los manantes y muchos se han secado por eso”, lamenta.

Sin qochas, el agua que cae en la temporada de lluvia se va monte abajo rápidamente y se desperdicia. Cuando llega la temporada de sequía, no queda nada y los manantiales, que antes eran abundantes y creaban un multitud de bofedales, o humedales de altura donde los animales abrevaban en esta época, se iban secando. Así, estas lagunas situadas en la cabeceras de cuenca, en lo alto de la montaña, actúan como reguladores del agua y los campesinos tienen suministro durante todo el año.

Con los efectos del cambio climático, esta regulación resulta cada vez más importante en los Andes, dando que mientras que antes la temporada de lluvia empezaba en septiembre u octubre y duraba hasta abril,

Ahora se está acortando y no empieza hasta finales de año o enero, apunta Valer. Además, agrega, “antes las lluvias eran suavecitas. Toda la noche podía estar lloviendo. Pero ahora son torrenciales. La misma cantidad de lluvia que antes caía toda la noche, ahora cae en media hora. Y el agua se va, no se infiltra. No hay posibilidades de retener”.

Fernando Ucsa, vicepresidente de Huacapunco, explica que cada vez era más notoria la escasez de agua. “Nunca habíamos visto tan fuerte la sequía porque ahora llueve cuando no debería llover, cae helada cuando no debería caer la helada, la lluvia ya no es normal”, describe. “Cuando yo tenía 10-15 años había manantes más abajo, pero desde hace cinco o diez años empezaron a secarse. La gente estaba empezando a pelearse por el agua”. Fue entonces cuando el PACC y la municipalidad de Colquepata, en cuya demarcación se encuentra Huacapunco, les propusieron hacer siembra de agua en vez de un represamiento para entubar el líquido. “Yo tenía la idea pero faltaba un soporte técnico para poder implementar estas qochas”, recuerda Raúl Bustos, alcalde de Colquepata.

Aquí es donde se vuelve fundamental la asesoría del PACC, que se encargó de identificar los puntos idóneos para hacer estos depósitos de agua. “Por el tipo de roca, sé dónde va a infiltrar y donde no va a infiltrar”, indica Valer. “Dependiendo del tipo de suelo la infiltración va a ser mayor o menor, pero siempre va a haber”. Además, señala, hay que tener en cuenta aspectos como que el lugar no se encuentre sobre una falla geológica porque, si la hay, el agua se irá por ahí.

El proyecto abarcó a cuatro comunidades, pero en Huacapunco es donde mayor aceptación tuvo. Les pareció en seguida una buena idea. “Cuando hacíamos socavones siempre había una filtración debajo de las rocas, entonces quiere decir que el agua ha estado guardada dentro de la superficie de la tierra”, sostiene Ucsa.

Todos los miembros de esta comunidad campesina, que tiene un régimen de gestión colectiva de la tierra, estuvieron de acuerdo y se pusieron manos a la obra. Bajo el asesoramiento del PACC, que identificó los lugares en los que era conveniente hacer las qochas, lograron hacer nueve de ellas en sólo seis días.

Para estos depósitos de agua de utilizan depresiones naturales del a tierra al extremo de las cuales simplemente hay que construir un dique. “En esta técnica ancestral no se utiliza cemento o hierro, solamente el hombre con su pico, su pala y los materiales de la zona” para rellenar el dique: “arcilla y champa (tierra compactada)”, comenta Bustos.

Los trabajos se hicieron en enero y los vecinos de Huacapunco ya están empezando a ver los resultados. Aseguran que, a pesar de la escasez de lluvias en la temporada húmeda de este año, el riachuelo de la quebrada que baja de la cima y pasa por sus tierras seguía llevando un buen caudal, cuando el año pasado en julio ya se notaba fuertemente la disminución. “La gente se siente ahora más alegre, más cómoda, porque no hemos trabajado simplemente por gusto sino que hemos visto el resultado”, dice Ucsa.

Sin embargo, todavía están a la espera del premio grande: la recuperación de los manantiales, que tarda un poco más. “Como no ha habido lluvia no se ha podido captar todo el agua y los manantes todavía no han resurgido”, asegura el dirigente local.

“Pero sabemos que el agua debe estar buscando su camino por las grietas. Lo más seguro es que este año los manantes que se han perdido los vamos a recuperar. Porque mira desde hace cuanto tiempo que ya no ha lluvia y sigue esa qocha”, afirma señalando una de las lagunas artificiales situadas en la cima del cerro, un páramo desolado y ventoso donde ya sólo crece el ichu, una paja que es el pasto natural del altiplano andino. Esta se encuentra a unos 4.200 metros sobre el nivel del mar, mientras que el poblado está un kilómetro ladera abajo, a 3.200.

“Puedo tener 5.000 metros cúbicos en la lagunita, pero adentro del monte puede hacer 10, 20, 50 veces más, dependiendo del tipo de suelo, de las fisuras que haya”, comenta Valer, que destaca el aporte a largo plazo que supone la técnica de la siembra.

Sin embargo, como en Huacapunco, los resultados en los manantiales y bofedales no es inmediato, sino que se aprecia al cabo de un tiempo que puede ser de un año o más. Por lo que Valer recuerda que cuando comenzaron a usar la técnica no fueron tan bien recibidos.

“En las primeras qochas que hicimos se secó el agua después de unos tres o cuatro meses. Entonces la gente percibía que había perdido tiempo, decía que para qué servía, que por qué ni siquiera habíamos puesto plástico o se había hecho con cemento (para evitar la filtración)”, rememora. En el corto plazo, ellos preferían retener el agua en la qocha para usarla de abrevadero, por ejemplo. ”Pero la finalidad de las qochas es otra: captar agua para alimentar los manantes que están en la parte baja”.

La técnica de la siembra de agua busca una suministro de agua más sustentable a largo plazo que la de la de cosecha del líquido, es decir, la creación de lagunas impermeabilizadas para distribuir su contenido a los regantes mediante canales o tuberías. Pero con este método, además de ser más costoso, se desaprovecha una parte del agua por la evaporación de la temporada de sequía, donde el sol pega fuerte en las cimas andinas.

Finalmente, lograron los objetivos a largo plazo y “manantes que se secaban en el mes de agosto ahora se han mantenido durante todo el año”, celebra Valer.

Estos manantiales generan bofedales, “que son estratégicos para el ganado en la temporada seca”, señala Juan Suyo, director de Estudios y Proyectos Ambientales del Instituto del Manejo de Agua (IMA) del Gobierno regional Cuzco.

Este organismo ha combinado las dos técnicas en uno de sus proyectos más exitosa, la represa de la laguna de Quescay, también en el municipio de Colquepata. Esta era una laguna muy superficial situada también a algo más de 4.050 metros de altitud. Para poder utilizarla como suministro de agua para tres pueblos vecinos, el IMA hizo una presa, un canal que lleva el agua de lluvia de otras cuencas para poder llenara y un túnel para poder desviar parte de su contenido hacia Chocopia, una comunidad campesina que vive en extrema pobreza en parte precisamente por la falta de agua.

Su vaso es impermeable, por lo que no alimenta los acuíferos que tiene debajo. Pero como parte del proyecto se hicieron también una serie de zanjas de infiltración a su alrededor. “El escurrimiento del agua que llueve es interceptado por la zanja, donde se queda el agua y va infiltrando. Ese agua no llega a la laguna”, que ya tiene suficiente volumen gracias al canal, detalla Suyo. Gracias a ello, los manantiales de la zona de Chocopia han comenzado a resurgir y ahora sus vecinos ni siquiera necesitan recurrir a todo el porcentaje del contenido de la laguna que les correspondería.

“Estos bofedales el año pasado no estaban”, asevera Suyo, rebosante de satisfacción, al mostrar los ojos de agua de los que brota el agua metros más abajo, junto al pueblo. El líquido que sale de ellos crean en la vegetación rala de las laderas pequeñas zonas húmedas, cuyo verdor destaca con la hierba amarilleada por el estío de alrededor. En estos humedales pastan varias vacas de los comuneros de Chocopia.

“Los bofedales los guardamos para época de secas para darles de comer a los animales. Son reservas forrajeras para épocas críticas”, dice Juana Quispe, presidenta del comité de mujeres de Chocopia, quien certifica los beneficios que ha traído el agua a la comunidad: “Antes no sacábamos ni dos litros de leche por vaca y ahora estamos sacando seis litros por cada ordeño”.

Además, añade, “ahora todos criamos cuyes”, un roedor similar a la cobaya que sirve como alimento en todos los Andes. “Antes teníamos pocos, hasta cinco cuyes que teníamos libres en la cocina. Ahora les hemos hecho corrales y estamos criando hasta 80 o 90 por familia”.

Su vecino Epifanio Condori también está sacando provecho de la mayor disponibilidad de agua. Antes sobrevivía gracias a dos vacas famélicas y a su huerto de patatas, que convertía luego en chuño (patata deshidratada que se conserva durante todo el año). “Ahora estoy con 10 vacas y cuyes, gallinas, una huerta para autoconsumo”, afirma mientras muestra en el patio de su casa su plantación con cebollas, cilantro, coliflores… “Antes, como no había pasto, no podíamos criar cuyes (que se alimentan de alfalfa). Ahora los cuyes y gallinas son para consumo nada más, pero cuando tenga más, los venderé”, anticipa.

Los buenos resultados de la siembra de agua está haciendo que se extienda esta técnica en cada vez más regiones de los Andes peruanos. En Colquepata, Raúl Bustos quiere replicar el modelo en otras cuatro comunidades. Y los propios comuneros de Huacapunco quieren aumentar su número de qochas. “Tenemos ya planeado que debemos hacer más cosechas de agua. Tenemos más sitios adecuados identificados”, indica Ucsa. “Con esta agua nunca vamos a tener sequía porque los bofedales nunca se van a secar”.

El agua para las ciudades del futuro

Para todos los que trabajamos en temas de desarrollo, 2015 fue un año clave: fue cuando se adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que sucedieron a los Objetivos de Desarrollo del Milenio y marcaron el camino a seguir de aquí al 2030. Entre las metas de estos 17 nuevos objetivos figuran la reducción de la pobreza, la salud, la educación de calidad, la adopción de energías limpias y la equidad de género. El sexto objetivo, que trata específicamente sobre agua y saneamiento.

América Latina y el Caribe lograron grandes progresos en ese terreno entre 1990 y 2012, un período en el cual más de 200 millones de personas accedieron a mejores servicios de agua potable y saneamiento. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer: más de 30 millones de personas aún carecen de acceso a agua segura y otras 100 millones siguen sin tener servicios sanitarios adecuados. En la agenda 2030, el agua es central para este desafío.

La nueva meta para el agua apunta a la universalización del servicio, pero va más allá del acceso, poniendo énfasis en la calidad, el manejo de aguas residuales, la seguridad hídrica, la gestión integral de los recursos y la protección y restauración de los sistemas hídricos.

A los obstáculos financieros y técnicos hay que sumarle el desafío que plantea el cambio climático. Según muchos expertos, los fenómenos extremos tales como las sequías, las inundaciones y los huracanes podrían tornarse más frecuentes e intensos. Estas amenazas ponen en riesgo el suministro de agua en muchos países de la región y pueden ser devastadores para la población, la infraestructura e incluso la estabilidad económica. En los últimos tres años, más de una docena de grandes ciudades sufrieron cortes de agua y energía debido a sequías. El ejemplo más contundente es San Pablo, la mayor metrópolis brasileña.

Sin embargo, no podemos culpar solamente al cambio climático. Otros problemas, como el desequilibrio entre oferta y demanda de agua, están volviéndose cada vez más serios, sobre todo en nuestras ciudades, porque la infraestructura va a la zaga del crecimiento poblacional.

Para lograr el acceso universal, la región necesitaría invertir al menos US$28.000 millones en agua y otros US$49.000 en saneamiento, a un ritmo de alrededor de US$5.100 millones al año. Y si incluimos también tratamiento de aguas residuales, entonces deberíamos invertir, tan sólo en las grandes áreas urbanas, otros US$30.000 millones.

Esos montos no parecen alcanzables. En los últimos 25 años hemos invertido menos de medio punto porcentual del producto interno bruto de la región en mejorar el acceso al agua y saneamiento.

Incluso de contar con todo el financiamiento necesario para invertir en infraestructura de agua y saneamiento, no sería suficiente para garantizar el acceso. También hace falta reforzar las instituciones reguladoras del sector y las empresas operadoras, que deben desarrollar planes maestros de largo plazo y ganar en eficiencia técnica y administrativa para tornarse sostenibles.

Dado que el agua y saneamiento tienen el potencial de convertirse en un negocio rentable, el sector privado podría y debería desempeñar un rol activo que contribuya a alcanzar los ambiciosos objetivos fijados para el 2030. Incluso las pequeñas y medianas empresas pueden cumplir un gran papel, ofreciendo servicios más sofisticados, como el manejo de lodos cloacales en zonas urbanas.

El éxito dependerá en gran medida de que los países aporten un marco propicio, que incluya fundamentalmente infraestructura, acceso a financiamiento y un ambiente de negocios efectivo. Necesitamos cambiar nuestro modelo económico lineal, que no toma debida cuenta del ciclo de agua, con el fin de aliviar las crecientes presiones sobre los recursos hídricos. La transición hacia un modelo de economía circular es una táctica promisoria que permitiría cambiar la escasez por abundancia y reduciría la cantidad de recursos necesarios para que funcione nuestra infraestructura hídrica.

Las aguas residuales son el punto de partida natural de esa revolución circular. Los municipios y las industrias tienen el deber de optimizar los ciclos de agua en sus respectivas cuencas. América Latina tiene todavía un largo trecho por recorrer en materia de reutilización del agua, y más aún en las regiones áridas y semiáridas. En términos de tratamiento de aguas residuales, la región no brilla por sus logros, con un promedio de 18%, frente a un nivel que no baja de 60% en los países desarrollados.

Otra posible fuente de soluciones puede yacer en nuestro capital natural. Me refiero a la restauración de los humedales y las cuencas hídricas. Los ríos, arroyos, humedales, llanuras aluviales y bosques aportan servicios fundamentales, tales como agua limpia y protección contra anegamientos. Por tanto, debería considerárselos componentes esenciales de nuestra infraestructura hídrica. Ciudades vanguardistas como Quito, Medellín y Santiago ya están adoptando esta perspectiva verde. Esperamos que muchas otras se sumen pronto a estas urbes pioneras y que la región en su totalidad adopte una combinación más inteligente de infraestructura verde y tradicional.

La Conferencia Hábitat III ofrece una excelente oportunidad para elaborar una agenda regional que persiga la conservación y el uso sostenible de nuestros recursos hídricos. Es hora de debatir cómo hará América Latina y el Caribe para dar más y mejor acceso a servicios de agua y saneamiento para mejorar la vida de su gente.

El cambio climático altera los caminos del agua

El calentamiento de la atmósfera cambiará la distribución de las precipitaciones. Al norte de los Alpes lloverá en exceso y en la cuenca mediterránea habrá sequías prolongadas.

¿Ocupa el agua el lugar que se merece en los debates de las Cumbres del Clima? Los expertos opinan que no estamos poniendo en el centro de la escena un factor fundamental a uno y otro lado del desajuste climático: esto es, el agua como recurso insustituible que utilizado de manera ineficiente coadyuva a los procesos de emisión de gases y, al mismo tiempo, como recurso natural que se verá gravemente afectado por los efectos de la subida de la temperatura global.

El calentamiento de la atmósfera afectará especialmente la distribución de las precipitaciones, la subida del nivel del mar (que incrementará la salinidad de los suelos al penetrar por los cauces pluviales), aumentarán las inundaciones y su contracara: los fenómenos extremos de sequía.

La 22ª Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 22) de Marrakech parece un buen punto de partida para empezar a revertir tendencias y un excelente lugar de encuentro con especialistas del agua. Entre ellos, el experto Antonio Navarra, asesor técnico de la delegación ministerial italiana, presidente del Centro Euromediterráneo de Cambio Climático y miembro del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC): “La lluvia no está distribuida de manera aleatoria en el mundo. Hay cortes específicos a partir de los cuales se extienden las precipitaciones. Uno de ellos está en el Mediterráneo. Si ese corte se desplaza hacia Europa, se incrementarán las precipitaciones al norte los Alpes y descenderán al sur de esa cadena montañosa. La paradoja es que habrá regiones con déficit de agua y regiones con exceso. Esto es típico del cambio climático porque las precipitaciones globales no variarán, pero las áreas van a correrse, y esto acarreará un doble problema”.

“En cuanto al gasto, el sector que más agua necesita es la agricultura. Hay que hacer muchísimos esfuerzos (en políticas e investigación de técnicas eficaces de irrigación), porque será el sector más afectado. También en el energético, porque el agua es un recurso fundamental en la producción de energías limpias. Hay que ir con mucho cuidado en eso: son demasiados los usuarios y hay que mantener el equilibrio ecológico de los ríos. Esto quiere decir que hay muchísimas variables a tener en cuenta en el tema del agua”, alerta Navarra.

“Las zonas cálidas se están extendiendo hacia los polos”, informa, a su vez, el climatólogo marroquí Mohammed Said Karrouk. La situación termal ha instalado una nueva circulación atmosférica: hay olas de calor en un sentido, y frío y humedad, en el otro. La lluvia reemplaza a la nieve en las zonas frías, y por eso empiezan a inundarse grandes áreas en Europa. Por el contrario, el Magreb sufre demasiados meses cálidos. “Las zonas de inversión se están moviendo y, así, en EE.UU. hay sequías e inundaciones al mismo tiempo”.

La cuenca mediterránea, sin ir más lejos, ya está en estrés hídrico. Según explica Navarra, “un aumento de las temperaturas de un 15% (incluso con las inexactitudes que se manejan) sería preocupante, porque toda la región mediterránea está en los límites de la disponibilidad de agua. En 30 o 40 años, si el escenario promedio sigue reproduciéndose, las precipitaciones en el Mediterráneo disminuirán entre un 15 y un 20%, y esto quiere decir que habrá variaciones regionales muy significativas”.

“En la zona mediterránea es innegable la brecha social y económica del consumo y, por lo tanto, de la huella ecológica. Cinco de los diez países con mayor huella ecológica en cuanto al agua se sitúan en esta región. Estos son Portugal, España, Italia, Grecia y Chipre. El 86% del agua limpia sale del Norte, y de ella solo el 42% se destina a la agricultura. Al sur, solo se hallan el 14% de las fuentes de agua dulce, y el 82% se dedica a la agricultura”, ilustra, a su vez, el experto francés en conservación de humedales Jean Jalbert.

Agua es lo que consume la agricultura pero también el ganado (uno de los causantes de la emisión de gases de efecto invernadero). Agua —y mucha— necesita la minería y la industria textil. También las grandes aglomeraciones y la industria del turismo. En la ecuación siempre entra agua y se liberan gases y contaminación. “El agua no debe verse solo desde el punto de vista de la adaptación, sino también de la mitigación: reducir las emisiones significa también contribuir a reforestar y tratar las aguas residuales de la industria antes de devolverlas al ciclo natural”, apunta Sarra Touzi, experta de la Global Water Partnership, con sede en Túnez.

¿Ayudan las cumbres de cambio climático? ¿Qué podemos esperar de una cita como la de Marrakech? “Para dar un giro a las tendencias, hay que invertir en que las sociedades sean más resilientes. No deberíamos permitir que las COP sean solo un eslogan”, alienta la tunecina Sarra Touzi.

“No se esperan grandes destellos en esta COP, pero ya se puede ir trabajando con el marco de una fuerza legal que está en vigor, como el Acuerdo de París. El proceso es largo, y va lentamente. Creo que lo importante es cambiar la tendencia. Esto es ciertamente posible, creemos que lo será en torno al año 2030. Nada es garantía de no alcanzar los dos grados de aumento en las temperaturas globales, a finales de siglo, pero cortar la curva en alza sería un gran paso. A más tiempo que pasemos en la misma tendencia, más drásticas serán las medidas que tendremos que tomar”, concluye el experto italiano.

Con los dos grados como símbolo de la última frontera, seguiremos reuniéndonos de a varias decenas de miles de personas en ciudades como Marrakech, debatiendo sobre si las prácticas acompañan la consciencia ecológica, hablando del agua a hoteles repletos, echando cuentas de emisiones en atascos de tráfico monumentales, cada tarde, a la salida de alguna COP.

CONCLUSIÓN CLARA:

Hay que invertir en que las sociedades sean más resilientes. No deberíamos permitir que las COP sean solo un eslogan.

La cuenca mediterránea, sin ir más lejos, ya está en estrés hídrico

Legalismo en el tema de las remunicipalizaciones de servicios.

Hablar de remunicipalizacion supone, por un lado, la existencia de unos servicios que presta el municipio de manera indirecta a través de la iniciativa privada y, por otro, la realización de un conjunto de actuaciones que pretenden colocar la gestión de esos servicios, total o parcialmente, en el ámbito municipal, es decir, gestionarlos de manera directa.

Cuando hablamos de servicios públicos locales hay que tener en cuenta algunas precisiones terminológicas, pues la propia regulación legal puede llevar a confusiones por su falta de rigor conceptual. Para evitar mal entendidos tenemos que distinguir entre materias sobre las que se ejercen competencias (art. 25 LRBRL) y competencias que se ejercen prestando servicios (arts. 26 y 86.2 LRBRL). Las discordancias entre estas dos últimas normas citadas son ejemplo de esa falta de rigor terminológico de la Ley. En igual sentido, no se puede confundir servicio publico con iniciativa o actividad económica (art. 128.2 CE) como hace el art. 25.1, que menciona de manera indistinta una cosa y otra. Realmente, cuando el art. 86.2 LRBRL reserva a favor de las entidades locales una serie de actividades económicas lo que está haciendo es la publicatio del servicio público local.

Remunicipalizar no es una palabra que se encuentre en nuestro diccionario. Sí encontramos municipalizar, que supone convertir en municipal un servicio público que estaba a cargo de una empresa privada. Quizá a esta licencia terminológica añadiendo el re a la palabra municipalizar, le encontremos significado si echamos la vista atrás y comprendemos la evolución de los servicios de la ciudad.

Por lo tanto tengaos en cuenta esto a la hora de hablar de remunicipalización.

Agua

A la mayoría de nosotros nos parece natural tener acceso al agua potable. La usamos para todo, la dejamos correr, siempre estuvo ahí y siempre estará, como el aire que respiramos y también así de imprescindible.Sin embargo hoy 1.500 millones de personas en el mundo no pueden gozar de este mismo privilegio y es la ONU, no algún ecologista mal informado, quien afirma que para el año 2025 la demanda de agua potable será el 56% mas que el suministro.

La mayoría de nosotros, no ya nuestros hijos o las generaciones futuras, no tendremos agua si no pertenecemos al selecto grupo que pueda pagarla a “Precios de Mercado”.

Y no es necesario analizar demasiado para preguntarse si Bush fue a Irak solo por petróleo o también por el Eufrates y el Tigris, como tampoco para pensar que cada vez que hablan de terrorismo en la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), es probable que estén preparando la excusa para poder apoderarse del Sistema Acuífero Guaraní, una de las mas importantes reservas de agua subterránea del continente.

Tampoco puede ser casual que la mayoría de las bases militares de EE.UU. en otros países se instalen cerca de las principales reservas de agua.

La lógica es simple: si el Imperio necesita agua o la comprará vía las privatizaciones, que está tratando de imponer en todo el mundo o invadirá, mas tarde o mas temprano los territorios que necesita, buscando algún pretexto de ocasión como lo fueron las inexistentes armas químicas de Irak.

Por eso no debemos dejar que el agua sea considerada una mercancía y los recursos hídricos del planeta sean gestionados según el modelo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, gracias al cual hoy 30.000 personas mueren cada día por enfermedades debidas a la falta de agua potable y de servicios sanitarios.

La mitad de los acuíferos de la Tierra se están agotando

Más de la mitad de las reservas de agua dulce bajo la superficie terrestre destinadas a cubrir las necesidades vitales de cientos de millones de personas se están agotando, según datos del sistema de satélites GRACE de la NASA.

El ser humano está en medio de toda la naturaleza, como un integrante de la misma y no como un ser dominador y explotador de las riquezas naturales” – Rodolfo Pocop Coroxon – Maya Kaqchiquel

Los investigadores utilizaron los satélites GRACE de la NASA para tomar medidas precisas de los acuíferos subterráneos del mundo. Los satélites detectaron cambios sutiles en la atracción gravitacional de la Tierra, observando donde el peso más pesado del agua ejerció un mayor tirón en la nave espacial en órbita. Se registraron ligeros cambios en los niveles de agua de los acuíferos durante una década, de 2003 a 2013.

“Esta ha sido realmente nuestra primera oportunidad de ver cómo estos grandes embalses cambian con el tiempo”, dijo Gordon Grant, hidrólogo investigador en la Universidad Estatal de Oregón, que no participó en los estudios.

La salud de los acuíferos del mundo varía ampliamente, dependiendo sobre todo de cómo se usaron y se utilizan actualmente.

Los acuíferos subterráneos suministran el 35 por ciento del agua utilizada por los seres humanos en todo el mundo. Los científicos habían sospechado durante mucho tiempo que los seres humanos estaban gravando el suministro de agua subterránea del mundo, pero los datos de la NASA fueron la primera evaluación detallada para demostrar que los principales acuíferos están luchando para mantenerse al día con las demandas de la agricultura, el crecimiento de la población, el turismo termal mal desarrollado y las industrias como la petrolera y minería.

Los acuíferos pueden tardar miles de años en llenarse ya que se recargan lentamente con agua de deshielo y lluvias.

Veintiuno de los 37 acuíferos más grandes del mundo han superado sus puntos de inflexión en la sostenibilidad, lo que significa que durante una década, período que duró el estudio, se eliminó más agua que la velocidad natural de recarga. Trece acuíferos disminuyeron a tasas que los situaron en la categoría más problemática. Los investigadores dijeron que esto indicaba un problema a largo plazo y que es probable que empeore a medida que crece la dependencia del agua proveniente de los acuíferos.

Acuífero Guaraní

El Acuífero Guaraní es un importante cuerpo hídrico subterráneo transfronterizo formado en la era Mesozoica. Se trata de un conjunto de rocas arenosas que está por debajo del nivel del terreno que tiene agua en sus poros y fisuras. Estas rocas se depositaron allí entre 245 y 144 millones de años atrás.

Sus dimensiones son fabulosas: supera en tamaño a España, Francia y Portugal juntas.

Un reporte del Diario El Pueblo de 2014, destacaba que ya se anunciaba el peligro de colapso, un hecho denunciado por un número indiscriminado de pozos de aguas termales que pierden inútilmente una importante cantidad de agua a diario, la cual se va a los ríos.

Tan solo en Brasil, donde el acuífero se extiende unos 840 mil kilómetros cuadrados, abastece a más de 300 poblados, entre los cuales se incluye a unos 6 millones de habitantes de Sao Paulo.

En Argentina, con sus 225 mil kilómetros cuadrados y Uruguay, con 45 mil, además de los pozos de agua potable, hay numerosas perforaciones de agua termal y otras para la plantación de arroz.

Sobre la situación del acuífero, el reporte explica que el volumen total de agua se estima en unos 30.000 km³. Sin embargo, las reservas explotables son de unos 2.000 km³/año, y la recarga en los lugares en que aflora es de solo 5 km³/año.

El geólogo uruguayo, Jorge Montaño, señaló que “en cuestión de 10 años la salinización del acuífero había aumentado en forma significativa, por lo que ahora podría haberse agravado el tema”, advirtió.

El titular de la cátedra de Hidrogeología de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Miguel Auge, advirtió a medios de comunicación que “es urgente frenar la explotación masiva e intensiva del Acuífero, inclusive para baños curativos”.

El Acuífero Guaraní que hoy los investigadores de la Universidad de California, ponen en alerta roja porque pierde más agua de la que recibe, tiene un pronóstico sombrío.

Conclusión

“La situación es bastante crítica”, dijo Jay Famiglietti, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en California e investigador principal de los estudios dirigidos por la Universidad de California en Irvine y agregó, NO SE SABE CUÁNTO QUEDA “Las mediciones físicas y químicas disponibles son simplemente insuficientes teniendo en cuenta la rapidez con que estamos consumiendo las reservas de agua subterránea del mundo, necesitamos un esfuerzo global coordinado para determinar la cantidad que queda”.

El volumen total de agua subterránea es probablemente mucho menor que las estimaciones rudimentarias hechas hace décadas.

Fuente: NASA/AAPN