El peor río para bañarse está en Málaga: es el Genal

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Las resacas no son peores con la edad: adiós al mito más extendido

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Si quieres seguir vivita y coleando, no bebas agua bendita: te estarás envenenando

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El mejor río de España está en Pontevedra: el Verdugo, virgen y escondido

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El futuro lo llevamos escrito en el culo: la gluteología y otras ciencias extrañas

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¿Hay que esperar dos horas antes de bañarse después de comer?

Esta es la respuesta definitiva a la frase que siempre nos decían nuestras madres.

Que levante la mano el que no haya tenido que escuchar la cantinela durante su infancia en alguna sobremesa. «Niño, no te bañes hasta que hagas la digestión». Una auténtica tortura cuando uno es niño, no tiene ningunas ganas de dormir la siesta y está deseando lanzarse al agua.

Durante muchos años abuelos y padres se han aferrado a criterios médicos -cada cual con argumentos de su cosecha- para zanjar el tema con una negativa rotunda. De hecho, esta prohibición sigue vigente a día de hoy en el seno de muchas familias. Por ello, cada verano cobra vigencia la misma pregunta, ¿qué hay de cierto en el corte de digestión? ¿Mito o realidad?

Los expertos son tajantes: a priori, con una serie de precauciones, no debe pasar nada por bañarse en la playa o piscina después de haber comido. «Sí está permitido el baño después de comer. De hecho, si tenemos a nuestros hijos durante dos horas expuestos al sol sin bañarse, podemos favorecer que una vez cumplido el tiempo se lancen ansiosos al agua y sufran una hidrocución» explicó recientemente a SUR el doctor Luis Moreno Almazán, jefe de Servicio de Aparato Digestivo de varios hospitales madrileños. ¿Cuál es pues la recomendación? «Actuar con prudencia, comer con moderación y meterse despacio en el agua», concluye el experto.

Recomendaciones

Y es que a la hora de darse un remojón tras una ingesta hay que tener cuidado. Por tanto, hay un cierto fundamento en ese miedo de muchos padres a permitir el baño. Según los facultativos consultados, introducirse de golpe en agua muy fría puede dar lugar a una bajada brusca de la tensión arterial, y como consecuencia de ello pueden producirse mareos, malestar general, náuseas, debilidad y hasta pérdida de conocimiento, con el consiguiente riesgo de ahogamiento. En casos muy extremos, puede llegar a ocasionar una parada cardiorrespiratoria. Es lo que en Medicina se llama síndrome por inmersión o hidrocución.

La mejor playa de España está en Almería: el agua cristalina de Serena y sus flamencos

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