Educación y ciudadanía. Educar para una nueva cultura del agua.

En los últimos 20 años se ha desarrollado un avance importante en relación a la reflexión sobre la gestión del agua y los recursos hídricos. Desde la “Nueva Cultura del Agua” se ha aportado un marco teórico sobre los valores en juego y la necesidad de  repensar los modelos de gestión desde una visión ecosistémica. La  Directiva Marco del Agua (DMA), vigente en la Unión Europea desde finales del año 2000, promueve este  nuevo enfoque, estableciendo como objetivo central recuperar y conservar el buen estado ecológico de ríos, lagos y humedales.  La biodiversidad  pasa a ser el mejor testigo, no sólo de la calidad de las aguas, sino del buen funcionamiento de los ecosistemas.

A pesar de ello los enfoques productivistas y el enfoque de la gestión del recurso como un bien económico desde la lógica del libre mercado siguen teniendo un peso importante.

¿Que puede aportar la Educación Ambiental a la ciudadanía?

Si bien cada vez existe más sensibilización hacia los temas ambientales, es bien cierto que el conjunto de la población esta influido por los patrones culturales de la sociedad y  los mensajes que recibe desde los medios de comunicación. En el tema del agua y de los ríos, al igual que en muchos otros, está comprobado que por un lado se carece de información y formación suficiente para tener criterio de opinión razonado que permita tomar decisiones individuales y colectivas y por otro lado hay unos hábitos que impregnan el hacer cotidiano y dificultan la acción responsable.

Algunos aspectos o casos concretos sobre los que reflexionar:

  • Campañas de ahorro de agua. Se han hecho muchas campañas de educación a la ciudadanía   centradas fundamentalmente en el ahorro en los hogares. Si analizamos sus contenidos, casi todos están referidos a consejos de comportamiento. Sin quitar el valor que estas recomendaciones tiene de cara a conseguir un menor consumo de agua, en mi opinión suele faltar la relación entre el ciclo de agua en las viviendas y el río. Se habla de que el agua es escasa y por tanto hay que ahorrar pero suele faltar la relación con el río del que se abastece la población destinataria de las campañas y cuando se informa sobre el ahorro conseguido tampoco se relaciona con si este dato está consiguiendo que haya mas o menos caudal circulando por el río. Es decir, si nuestros cambios de comportamiento están repercutiendo realmente en mejorar el ecosistema fluvial.
  • Campañas sobre la biodiversidad de los ríos. Muchas de las campañas que se hacen se centran en que la población conozca la flora y fauna, aspecto interesante pero insuficiente ya que la biodiversidad de un río viene condicionada por otros factores entre los que el régimen de caudales es clave y sobre los que existe una gran desinformación.  En esta línea, es interesante la comparación que Narcís Prat hace entre el hidrograma que refleja los m3/s que lleva un río a lo largo del año, con un electrocardiograma de una persona que nos indica los latidos del corazón. Cada río tiene su propio latido que viene reflejado en los picos de la gráfica del hidrograma y éste es la esencia de su personalidad, cambiarlo significa modificar el estado del ecosistema. En la actualidad los ríos están totalmente regulados y el corazón del río late al ritmo que marcan los intereses económicos diversos de tal forma que en ocasiones algunos ríos pueden llegar a tener un “electrocardiograma” plano. Devolver el latido natural al río con sus máximos y mínimos es fundamental para su biodiversidad.[1]En esta línea hay todo un conjunto de tópicos que rigen el pensamiento de muchas personas: “las inundaciones siempre acarrean problemas, hay que defenderse de ellas”, “el agua se pierde en el mar”, “los ríos tienen que ir con un caudal fijo que permita la vida”, etc. Educar a la población en este aspecto es clave.
  • Analizar las actuaciones realizadas y reflexionar sobre las mismas: Bajo la denominación de “proyecto de restauración fluvial” o “parque fluvial” se han realizado un gran número de intervenciones en los ríos que si bien han supuesto un acercamiento del ciudadano que utiliza los paseos realizados en sus orillas para realizar múltiples actividades (paseo a pie o en bici, deporte, etc.), no siempre ha supuesto la mejora del ecosistema fluvial. En muchas ocasiones un parque bien urbanizado con escolleras en las orillas, con azudes para generar una lámina de agua estable, etc., gozan del apoyo de la población que carece de la formación necesaria para juzgar las repercusiones para el río de dichas intervenciones. Sería importante favorecer la reflexión en torno a estas actuaciones locales que forman parte de nuestra vida cotidiana para  ver en que medida están contribuyendo a la mejora del ecosistema fluvial o lo están perjudicando v si están siguiendo los criterios establecidos en la Directiva Marco del Agua y en la Estrategia de Restauración Fluvial aprobada por el Ministerio de Medio Ambiente.
  • Trabajar en el sector agrícola: En España cerca del 80% de los recursos hídricos se utilizan en la agricultura y ésta es la responsable de una importante contaminación difusa en los acuíferos. En muchos lugares, las Confederaciones han permitido que la agricultura ocupe una parte importante de la llanura de inundación del ríoy existe un permanente debate sobre las actuaciones que hay que realizar en los cauces ( dragados, limpieza..) para defender los campos agrícolas de las inundaciones. Sin embargo apenas existen programas de educación ambiental destinados a este sector. Es importante trabajar con sindicatos agrícolas y población rural con el fin de poder poner en marcha experiencias que permitan cambiar la percepción que el agricultor/a tiene sobre el río y avanzar en la modificación de hábitos y comportamientos y capacitar para la busqueda de soluciones desde la perspectiva de convivir con el río y no contra el río.
  • Los modelos de gestión del ciclo del agua y la participación: En muchas ocasiones en los programas educativos la participación se limita a dar instrucciones para que la población las ejecute: campañas de ahorro de agua, de vertidos, etc., en los que se invita a realizar una serie de acciones sobre un modelo de gestión que otros han decidido de antemano.Por lo general, no se crean espacios que permitan reflexionar sobre los  diferentes sistemas de gestión del agua en una red de abastecimiento y saneamiento, de los costes asociados, de los resultados obtenidos, antes de la adoopción de la toma de decisiones. La Educación Ambiental debe facilitar también esta información que permita que la ciudadanía pueda tener criterio de opinión para juzgar los modelos de gestión del agua en su ciudad y para tener una mayor capacitación para una participación activa.
  • La participación como elemento clave: Desde sus orígenes, la Educación Ambiental surgió como una herramienta de apoyo en la búsqueda de soluciones a los problemas ambientales.  En esta línea se planteaba que debía ir dirigida a los diferentes sectores de población y que la información y formación eran elementos que debían capacitar para el análisis de los conflictos socioambientales, para el debate de alternativas y para la acción y el compromiso.  Por tanto, los programas educativos deben incorporar esta dimensión y animar a la población a participar tanto individual como colectivamente en el ámbito de su comunidad, capacitarles para que aprovechen los cauces de participación existentes, y ayudarles  a la vez a crear otros nuevos.[2]
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