Archivo mensual: octubre 2016

El hielo de la Antártida se hunde en agua caliente

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¿Por qué tomarse en serio el ahorro del agua?

La intensa sequía que ensombrece al país motivó un llamado nacional: ahorrar agua. ¿Si un bogotano preserva el recurso hídrico en su casa, alivia el déficit que hoy viven departamentos como La Guajira y Magdalena? No, responden los expertos. Aseguran que ahorrar el líquido convendrá al país en unos cuatro meses, cuando se desarrolle el fenómeno de El Niño y este coincida con la primera temporada seca del año.

“En este diciembre y en enero, febrero y marzo del 2015 tendremos días soleados y sin una gota de agua. Vamos a tener incendios forestales y se disminuirán los niveles de los ríos. Si nos preparamos para situaciones venideras, el impacto será menor”, advierte María Teresa Martínez, subdirectora de Meteorología del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam). La funcionaria indica que cuidar el agua debe ser una actitud permanente, “esté o no El Niño”.

Ante la sequía es “indispensable” ahorrar agua, opina, por su parte, Leonardo Sáenz, director de Eco-hidrología de Conservación Internacional. En su criterio, cuidar el recurso natural es “garantizar que no existan amenazas de racionamiento energético”. “Si este periodo seco está causando estragos en el país, ¿qué pasará cuando llegue El Niño?”, pregunta.

El fenómeno de El Niño tiene cuatro fases: la inicial, el desarrollo, la madurez y el debilitamiento. El país enfrenta la primera etapa. Este evento climático no evitará que llueva en octubre y noviembre, pero, vaticina Martínez, las precipitaciones “estarán por debajo de lo normal”.

Bogotá no se escapa del golpe climático, ya que a menos precipitaciones en la capital, menor es su oferta hídrica, según la funcionaria, quien aclara que el déficit del líquido no siempre se da por la reducción de las lluvias. Por ejemplo, en Santa Marta, la situación empeoró –en su opinión- cuando la demanda superó la oferta. “Santa Marta ha crecido muchísimo. Es una ciudad que no estaba preparada para recibir tanto turista”.

Así se creó el Estrecho de Gibraltar hace seis millones de años

http://elpais.com/elpais/2016/10/14/ciencia/1476443229_571759.html

El misterio de las 10.000 ranas gigantes muertas junto al Titicaca

http://elpais.com/elpais/2016/10/24/ciencia/1477324841_533038.html

La desesperanza de un lago seco El Poopó servía de sustento a 300 familias bolivianas. Hoy no queda ni una gota de agua

http://elpais.com/elpais/2016/10/05/album/1475688139_987733.html#1475688139_987733_1475689025

Algunos hechos y cifras

  • La producción de un kilo de ternera requiere 16.000 litros de agua.
  • Para producir una taza de café se necesitan 140 litros de agua.
  • La huella hídrica de China es alrededor de 700 metros cúbicos por año per capita. Solo cerca del 7% de la huella hídrica de China proviene de fuera de China.
  • Japón tiene una huella hídrica total de 1150 metros cúbicos por año per capita, alrededor del 65% de esta huella proviene de exterior del país.
  • La huella hídrica de EEUU es 2.500 metros cúbicos por año per capita.
  • La huella hídrica de la población española es 2.325 metros cúbicos por año per capita. Alrededor del 36% de esta huella hídrica se origina fuera de España.

¿Para qué sirve la huella hídrica?

La Huella hídrica nos hace tomar conciencia del consumo de agua que necesitamos en todas nuestras actividades. La huella hídrica nos sirve para tener un valor de referencia en nuestro uso del agua y sobre todo el valorar donde podemos mejorar como Organización. Nos sirve de base de partida para establecer un manejo eficiente del agua y el establecimiento de objetivos.

Narrativas para abordar los retos de la gestión del agua.

Expertos abogan por “historias” que motiven a comprometerse con un uso racional y eficiente de este recurso. Dentro de 80 años, los habitantes del futuro dirán: nuestros antepasados deberían haber tenido más cuidado.

El primer paso para enfrentarse a los desafíos que se presentan en la gestión del agua es crear una narrativa que motive a la población hacia un uso racional y eficiente de este bien de dominio público. Los expertos que intervinieron en el II Foro de la Economía del Agua, celebrado en Madrid, coinciden en que se trata de un factor crucial para garantizar un acceso equitativo y sostenible a este recurso.

El premio Nobel de Economía en 2001 y profesor de la Universidad de Berkley, George Akerlof, aseguró que la economía tiene que acercarse a lo que realmente piensan las personas, las “historias” que se cuentan y que están detrás de todas sus decisiones. Un enfoque que se aplica a todos los aspectos de la sociedad, incluido el sector del agua, como explica en su último libro, La economía de la manipulación, que firma junto a Robert J. Shiller.

“El planteamiento de los economistas es que la manera eficaz de lograr que la demanda de agua sea conforme a unas reservas limitadas es aumentar el precio hasta que esta se reduzca de acuerdo a las existencias disponibles”, dijo. Esta visión, según él, puede aplicarse también a la lucha contra el calentamiento global, ya que la imposición de un gravamen sobre emisión de gas invernadero, por ejemplo, podría disuadir de su utilización. “Puede que estos enfoques sean ciertos, pero esta perspectiva no tiene en cuenta otro aspecto: lo que hay que hacer para que la gente acepte estas iniciativas”, agregó.

El Nobel insistió en que, para que se adopten estas medidas, es necesario que las personas entiendan que los recursos de agua son limitados y la necesidad de actuar con urgencia. “Dentro de 80 años, los habitantes del futuro dirán: nuestros antepasados deberían haber tenido más cuidado”, argumentó.

Akerlof lamentó que los estadounidenses aún subestiman el problema del calentamiento global, como demuestra un reciente sondeo sobre las preocupaciones de los ciudadanos. “Los glaciares de Groenlandia o las capas de hielo del Antártico parecen tan lejanos y el tiempo para su desaparición tan largo que muy pocas personas tienen en la cabeza una historia que les empuje a comprometerse con esto ahora mismo”, protestó.

“La necesidad de reducir las emisiones para frenar el calentamiento global es lo que yo llamo la primera verdad incómoda”, agregó. “La segunda es que la gente cree que puede esperar para actuar y se necesitan políticas que fomenten la creación de historias adecuadas. Las historias son tan necesarias como las decisiones sobre suministro y precio. Y solo en ese momento dejaremos de ser manipulados”.

Gonzalo Delacámara, coordinador del departamento de Economía del Agua del Instituto IMDEA Agua, aplicó las teorías del premio Nobel al ciclo urbano del agua. “La mayor parte de las decisiones que tomamos se basan en incentivos, sin pensar si nos llevan a una actuación correcta”, explicó. “El sector del agua también está lleno de historias, pero en la mayoría de los casos son míticas: enfocamos mal los problemas, establecemos prioridades equivocadas y obtenemos resultados insostenibles e ineficaces”.

El experto sostiene que la mayoría de los desafíos del ciclo urbano en España “son invisibles”. Pese a que el saneamiento y el abastecimiento de agua potable sean universales, existen cuestiones de otra naturaleza que pueden minar la calidad de servicio en este país. Una de las principales dificultades es el envejecimiento de las infraestructuras, junto a un drástico desplome de las inversiones en mantenimiento durante la última década.

Delacámara invitó a desplazar el eje del debate de las “discusiones maniqueas e irrelevantes” sobre si el operador tiene que ser público o privado a los principios para la creación de modelos incluyentes, que sepan conciliar intereses particulares y beneficios para la comunidad, a través de una manera equitativa y sostenible de gestionar el recurso.

Carlos Mario Gómez, director del departamento de Economía de la Universidad de Alcalá, coincidió en que lo público y lo privado tienen que ser actores complementarios y no sustitutivos, aunque subrayó que “no hay que privatizar un problema que debe ser solucionado por el gobierno”.

El académico y el ejecutivo senior del CAF (Banco de desarrollo de América Latina) Gonzalo de Castro abordaron los retos para garantizar la financiación para la seguridad hídrica de las ciudades. “En la gestión del agua, tenemos intereses paleolíticos, instituciones medievales y tecnología del siglo XXI”, dijo Gómez. “Si queremos construir la seguridad hídrica, hay que crear incentivos para todos los sectores de la sociedad, para que todos colaboren en crear el bienestar colectivo”.

El agua para las ciudades del futuro

Para todos los que trabajamos en temas de desarrollo, 2015 fue un año clave: fue cuando se adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que sucedieron a los Objetivos de Desarrollo del Milenio y marcaron el camino a seguir de aquí al 2030. Entre las metas de estos 17 nuevos objetivos figuran la reducción de la pobreza, la salud, la educación de calidad, la adopción de energías limpias y la equidad de género. El sexto objetivo, que trata específicamente sobre agua y saneamiento.

América Latina y el Caribe lograron grandes progresos en ese terreno entre 1990 y 2012, un período en el cual más de 200 millones de personas accedieron a mejores servicios de agua potable y saneamiento. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer: más de 30 millones de personas aún carecen de acceso a agua segura y otras 100 millones siguen sin tener servicios sanitarios adecuados. En la agenda 2030, el agua es central para este desafío.

La nueva meta para el agua apunta a la universalización del servicio, pero va más allá del acceso, poniendo énfasis en la calidad, el manejo de aguas residuales, la seguridad hídrica, la gestión integral de los recursos y la protección y restauración de los sistemas hídricos.

los obstáculos financieros y técnicos hay que sumarle el desafío que plantea el cambio climático. Según muchos expertos, los fenómenos extremos tales como las sequías, las inundaciones y los huracanes podrían tornarse más frecuentes e intensos. Estas amenazas ponen en riesgo el suministro de agua en muchos países de la región y pueden ser devastadores para la población, la infraestructura e incluso la estabilidad económica. En los últimos tres años, más de una docena de grandes ciudades sufrieron cortes de agua y energía debido a sequías. El ejemplo más contundente es San Pablo, la mayor metrópolis brasileña.

Sin embargo, no podemos culpar solamente al cambio climático. Otros problemas, como el desequilibrio entre oferta y demanda de agua, están volviéndose cada vez más serios, sobre todo en nuestras ciudades, porque la infraestructura va a la zaga del crecimiento poblacional.

Para lograr el acceso universal, la región necesitaría invertir al menos US$28.000 millones en agua y otros US$49.000 en saneamiento, a un ritmo de alrededor de US$5.100 millones al año. Y si incluimos también tratamiento de aguas residuales, entonces deberíamos invertir, tan sólo en las grandes áreas urbanas, otros US$30.000 millones.

Esos montos no parecen alcanzables. En los últimos 25 años hemos invertido menos de medio punto porcentual del producto interno bruto de la región en mejorar el acceso al agua y saneamiento.

Incluso de contar con todo el financiamiento necesario para invertir en infraestructura de agua y saneamiento, no sería suficiente para garantizar el acceso. También hace falta reforzar las instituciones reguladoras del sector y las empresas operadoras, que deben desarrollar planes maestros de largo plazo y ganar en eficiencia técnica y administrativa para tornarse sostenibles.

Dado que el agua y saneamiento tienen el potencial de convertirse en un negocio rentable, el sector privado podría y debería desempeñar un rol activo que contribuya a alcanzar los ambiciosos objetivos fijados para el 2030. Incluso las pequeñas y medianas empresas pueden cumplir un gran papel, ofreciendo servicios más sofisticados, como el manejo de lodos cloacales en zonas urbanas.

El éxito dependerá en gran medida de que los países aporten un marco propicio, que incluya fundamentalmente infraestructura, acceso a financiamiento y un ambiente de negocios efectivo. Necesitamos cambiar nuestro modelo económico lineal, que no toma debida cuenta del ciclo de agua, con el fin de aliviar las crecientes presiones sobre los recursos hídricos. La transición hacia un modelo de economía circular es una táctica promisoria que permitiría cambiar la escasez por abundancia y reduciría la cantidad de recursos necesarios para que funcione nuestra infraestructura

Las aguas residuales son el punto de partida natural de esa revolución circular. Los municipios y las industrias tienen el deber de optimizar los ciclos de agua en sus respectivas cuencas. América Latina tiene todavía un largo trecho por recorrer en materia de reutilización del agua, y más aún en las regiones áridas y semiáridas. En términos de tratamiento de aguas residuales, la región no brilla por sus logros, con un promedio de 18%, frente a un nivel que no baja de 60% en los países desarrollados.

Otra posible fuente de soluciones puede yacer en nuestro capital natural. Me refiero a la restauración de los humedales y las cuencas hídricas. Los ríos, arroyos, humedales, llanuras aluviales y bosques aportan servicios fundamentales, tales como agua limpia y protección contra anegamientos. Por tanto, debería considerárselos componentes esenciales de nuestra infraestructura hídrica. Ciudades vanguardistas como Quito, Medellín y Santiago ya están adoptando esta perspectiva verde. Esperamos que muchas otras se sumen pronto a estas urbes pioneras y que la región en su totalidad adopte una combinación más inteligente de infraestructura verde y tradicional.

La Conferencia Hábitat III ofrece una excelente oportunidad para elaborar una agenda regional que persiga la conservación y el uso sostenible de nuestros recursos hídricos. Es hora de debatir cómo hará América Latina y el Caribe para dar más y mejor acceso a servicios de agua y saneamiento para mejorar la vida de su gente.

¿Porqué el agua se ve azul?

El agua es insípida, inodora e incolora, lo que significa que no tiene sabor, olor ni color. Es transparente, cualquiera puede darse cuenta de eso viendo un vaso o una botella de agua. Pero si el agua es transparente, ¿Por qué el agua se ve azul en los mares y océanos? La respuesta a esta pregunta también explica por qué el cielo se ve azulado, si el aire es también transparente.

Muchas personas creen que el mar se ve azul porque refleja el color del cielo, pero esto no es así. El fenómeno que hace que veamos el mar y el cielo de color azul o celeste se llama “dispersión de Rayleigh” y fue formulado por este gran físico y profesor universitario británico hace ya más de 100 años atrás.

Lo que Rayleigh descubrió es que las ondas electromagnéticas que forman la luz visible penetran en los cuerpos transparentes pero al chocar con pequeñísimas partículas que siempre existen se produce una separación de las distintas frecuencias que forman la luz.

De la misma forma que cuando pasamos un haz de luz por un prisma. El prisma transparente separa las distintas frecuencias de onda de la luz y nos permite ver todas las longitudes de onda de la luz.

Algunas de estas frecuencias son absorbidas por las partículas del agua mientras que otras son reflejadas una y otra vez en las vastas extensiones de agua de mares y océanos hasta hacerse visible a nuestros ojos.

Las frecuencias que se reflejan en esas micropartículas que existen en el agua son casualmente las de color azulados y violetas. Por supuesto que a veces también tenemos mares de color verdes o rojizos pero esto es debido a las algas o a la abundancia de sales disueltas y estos son casos muy particulares.

El efecto de “dispersión de Rayleigh” aumenta a mayor grosor del material, es por eso que el mar adquiere un color azul más oscuro cuando tiene mayor profundidad.