Archivo mensual: diciembre 2015

FELIZ NOCHEVIEJA

Os deseo una muy Feliz Nochevieja.

Un fuerte abrazo

EL FUTURO DEL AGUA

http://hispagua.cedex.es/sites/default/files/especiales/El_futuro_agua/introduccion.html

Los riesgos de inundaciones aumentarán en España por el cambio climático.

Según las previsiones disponibles, el riesgo de inundaciones seguirá aumentando en el futuro, particularmente en países como España, debido a un doble efecto del cambio global: por un lado el cambio climático incrementará la frecuencia de los episodios de lluvias intensas y avenidas repentinas, aumentando el peligro de inundaciones. Por otro, el cambio de usos del suelo incrementará la exposición de bienes y personas a las inundaciones, con los consiguientes daños económicos y pérdida de vidas humanas. Frente a este previsible aumento del riesgo, no se están aplicando medidas serias de adaptación, como respetar las zonas inundables y devolver su espacio a los ríos, sino falsas soluciones de infraestructura, como presas, encauzamientos, diques, escolleras, dragados.
Estas son las principales conclusiones de un informe de Ecologistas en Acción presentado hoy en París. Pese a que las incertidumbres de las proyecciones de cambio climático en relación con las inundaciones son elevadas, se estima que el número de días de grandes precipitaciones podría aumentar y que el cambio global puede intensificar el ciclo hidrológico, aumentando la frecuencia de las inundaciones en muchas partes de Europa. Las avenidas repentinas provocadas por precipitaciones intensas serán probablemente más frecuentes en toda Europa, especialmente en el sur del continente donde se sitúa la Península Ibérica, donde estas avenidas repentinas podrían incrementarse un 70% al final de siglo.

La Administración española no ha puesto en marcha verdaderas estrategias de adaptación frente al aumento de los riesgos por inundaciones. Las infraestructuras como presas, encauzamientos, diques, escolleras, motas y dragados no solucionan el problema y con frecuencia lo empeoran, al generar una falsa sensación de seguridad que alienta una mayor ocupación de las zonas inundables. En definitiva, muchas veces contribuyen a incrementar el riesgo. Además, estas obras de infraestructura ocasionan un gran impacto ambiental y tienen un elevado coste económico, lo que se une a su escasa eficacia a la hora de eliminar los riesgos, como demuestran los estudios disponibles acerca de un continuo aumento en los daños económicos por inundaciones, pese al aumento de estas medidas estructurales.

Las crecidas fluviales son imprescindibles para el buen estado ecológico de los ríos y aportan de forma gratuita importantes servicios a la sociedad, como mantener la fertilización natural de las tierras de cultivo. No se trata por tanto de impedir las crecidas, sino de evitar sus efectos negativos a través de dos grandes medidas: respetar las zonas inundables aplicando medidas de ordenación del territorio y devolver el espacio a los ríos a través de la gestión del territorio fluvial. Dejar libres de construcciones e instalaciones todas aquellas zonas susceptibles de recibir avenidas constituye la medida más racional, sensata y sostenible de reducción del riesgo a medio y largo plazo. Gestionar adecuadamente el territorio fluvial implica recuperar meandros y bosques de ribera que disipan la energía de las crecidas, eliminar diques y motas para facilitar desbordamientos suaves que impidan episodios graves de inundación y adaptar los usos a la inundabilidad para reducir la exposición al riesgo de personas y bienes económicos.

Trucos para ahorrar en el consumo de agua en Navidad

Trucos para ahorrar en el consumo de agua en Navidad ¿Podemos lograr una Navidad ecológica? Economizar agua en estas fiestas es llegar a conseguir dos objetivos: preservar las fuentes naturales, y reducir el coste de la factura doméstica. Los gestos sencillos cuentan mucho, tanto para el propio interés personal, como para el del medioambiente. Veamos cómo podemos crear unas navidades más sostenibles.

Desperdiciar el agua es lo mismo que pagar por lo que no se ha consumido. La factura anual sube sin parar, porque representa un buen pellizco para cualquier familia. Sin embargo, los hábitos que presentamos a continuación nos pueden ayudar a reducir el consumo de agua en un 30% aproximadamente.

Antes que lleguen nuestros invitados y durante todas las navidades tenemos que estar pendiente de una serie de consejos.

En casa

Tenemos que controlar si el conjunto de las tuberías de nuestro hogar funciona correctamente, y no hay fugas por ninguna parte.

Un truco: comprobar el contador del agua por la mañana, antes de ir a trabajar, y luego otra vez por la tarde. Si el consumo ha variado, es que hay fugas por alguna parte, y que la reparación no se debe hacer esperar. Esto permite evitar que el agua se pierda, y que el precio de nuestra factura siga subiendo.

En el cuarto de baño

Un grifo abierto, implica que 100 litros de agua se pierden al día. Reparar estos grifos para evitar que dejen escapar el agua, no representa tanto esfuerzo. Finalmente, se puede instalar un ahorrador de agua en todos los grifos, puesto que se puede llegar a economizar hasta un 30% del consumo real.
La cisterna del WC implica un consumo de 10 litros de agua por persona. Un sistema de doble cisterna permite parar la descarga de agua, en función de las necesidades personales. Mientras instalamos este sistema de ahorro se puede introducir, dentro del depósito de agua del WC, una botella llena de agua, para disminuir el volumen en cada uso.
Ducharse en vez de bañarse permite economizar cien litros de agua al día. La electricidad estática generada por el agua rociada sobre el cuerpo posee virtudes mucho más relajantes que un baño dentro de una bañera llena hasta los bordes.

¿Por qué enfrian los botijos?

Seguramente habrán escuchado más de una vez la expresión “eres más simple que el mecanismo de un botijo”. En realidad, el proceso por el cual un botijo (o cualquier recipiente de cerámica porosa) puede enfriar el agua que hay en su interior es más que curioso y hay una buena dosis de ingenio detrás de él. No es tan “simple”.

Intentaremos explicarlo en estas breves líneas puesto que, en definitiva, la base de este ingenio utilizado por generaciones desde hace siglos (los romanos lo llamaban buttis, y su origen podría remontarse al neolítico) se reduce a la refrigeración por evaporación. Para que vean su impresionante efectividad, si dejamos un botijo a una temperatura ambiente de unos 30 grados centígrados y una humedad del 40%, logrará enfriar el agua de su interior unos 10 grados en apenas una hora. ¿Cómo consigue hacerlo? En principio, el material que se utiliza en su fabricación es la arcilla, ya que su porosidad permite que el botijo sude, es decir, que se filtre agua poco a poco hacia afuera. Esta agua sudada se evapora en cuanto entra en contacto con el aire del exterior, pero para que el agua pase de un estado líquido a gaseoso (evaporación) necesita energía (calor), que la robará del agua contenida en el interior, produciendo el enfriamiento progresivo de la misma.

Por esta razón en las zonas donde hace más calor y el aire es más seco, la evaporación será más rápida y los botijos tendrán un mayor rendimiento, pudiendo hacer descender la temperatura del agua hasta 15 grados. Si en el exterior hay mucha humedad, no funcionan tan bien. Eso sí, no los barnice ni pinte, puesto que perderán su porosidad y con ello, su potencial refrigerante.

Los árboles de Navidad naturales ahorran agua

A pesar de parecer amigos del medio ambiente, los arboles de navidad artificiales tienen unos costes ecológicos de producción que terminan anulando sus beneficios.

“Los grupos ecologistas y los científicos dicen que se deben utilizar abetos reales como arboles de navidad, solo defienden los artificiales la gente que quiere conseguir vender uno, así que, no hay lugar para el debate”

Los abetos artificiales están fabricados en un material plástico llamado polivinilo clorhídrico, que es un derivado del petróleo y suele contener grandes cantidades de sustancias potencialmente toxicas. Además, las plantas en las que se elabora el 80% de los arboles consumidos están en china, y la mayor parte de la energía utilizada allí se basa en la combustión de fósiles, lo que es altamente contaminante.

El transporte, se suele hacer en barcos con motores Diesel, lo que produce unos indicies muy altos de emisiones de gas, afectando con ello al calentamiento global.

Una vez que las familias lo compran, lo reutilizan, pero solo durante 5 o 6 años de media, y al desecharlo, este no se recicla ni es biodegradable.

En la otra cesta de la balanza encontramos los abetos naturales plantados expresamente para su uso navideño en países occidentales, y gracias a esta industria se genera solo en Estados unidos en torno a 100.000 empleos.

La deforestación no debe de suponer un problema, pues en EEUU hay unos 12000 viveros que tienen este fin y en ellos hay actualmente 400 millones de arboles, con lo que el país tiene mas arboles de navidad que habitantes.

Además de las ventajas anteriormente mencionadas, los arboles naturales pueden ser replantados tras las vacaciones, de hecho existen miles de asociaciones que ayudan a ello.

Opciones ecológicas

Además de los arboles de navidad tradicionales, existen los que tienen certificados naturales, o también llamados ecológicos, que aseguran que han sido tratados sin pesticidas ni piensos químicos, habiendo sido así totalmente sostenibles a lo largo de todo su desarrollo no solo ellos, sino todo su entorno. Los que cuentan con estas certificaciones suelen tener un coste de un 10% por encima de los precios habituales.

La otra opción, aunque supone muchas limitaciones, es el tener un árbol de navidad vivo, pero esto no es fácil si vives en un piso o en el centro de una ciudad…

FELIZ NAVIDAD

Os deseo una felices fiestas navideñas.

Cambio climatico: El borrador presentado en París carece de ambición y supone una huida hacia adelante

Ante el borrador presentado por la plataforma Durban, que deberá ser discutido por los ministros durante la próxima semana en la cumbre del clima de París, Ecologistas en Acción quiere mostrar la necesidad de un texto más ambicioso

En las últimas horas hemos conocido el último borrador que presenta la plataforma encargada de la redacción del acuerdo que salga de la cumbre de París, la COP21. Una primera lectura muestra un texto a todas luces vago que no entra en concreciones que nos permitan dilucidar cuáles serían los mecanismos reales que permitan una reducción efectiva de emisiones.

Si bien es cierto que se han ido eliminando pocas opciones que habían sido recogidas en el último borrador de noviembre, vemos como aún persisten grandes dudas sobre la forma final que tendría el acuerdo. En el primer artículo, que recoge el denominado objetivo a largo plazo, solo se dan dos posibilidades: una que establece que el horizonte a perseguir será por debajo de 1,5ºC y otra que sigue manteniendo que sea por debajo de 2ºC, pese a que las conclusiones de la reunión de expertos SED, por sus siglas en inglés, fueron claras al calificar esos 2ºC como insuficientes y peligrosos.

Aunque podemos encontrar en parte de la redacción que este objetivo debe adecuarse a los conocimientos científicos, resulta claramente incomprensible seguir contemplando como horizonte de reducción de las emisiones al 100% entre 2060 y 2080.El IPCC establece que, para permanecer por debajo de los 1,5ºC, deberíamos reducir entre el 70 y el 95% de las emisiones en 2050, por lo que sería lógico que ese fuera el año contemplado como horizonte. Resulta además paradigmático ver como el año base de comparación será a partir del año 2000, excluyendo la posibilidad de mantener 1990, como año de referencia de forma que los compromisos pudieran ser comparables a lo ya establecido en el protocolo de Kioto. Del mismo modo, no hay referencia a la necesaria estabilización de la concentración de dióxido de carbono en como máximo 350ppm.

Resulta fundamental que la contabilidad de emisiones se realice a través de una metodología común que haga medible y comparable todas las emisiones que se producen en un territorio. Algunos países presentan problemas técnicos para el desarrollo de esas metodologías, por lo que deberán ser los países del Norte global los que les provean asesoría técnica para garantizar la correcta aplicación de esa metodología. Una parte que aún está en discusión y que en ningún caso debe de quedar descrita sin tener garantías suficientes para la comparabilidad de las emisiones.

Otro de los puntos que sigue abierto es la revisión de los compromisos en ciclos de 5 años. No solo encontramos dos posturas dispares, a favor y en contra, sino que además vemos cómo sigue contemplándose la posibilidad de que esas revisiones sean a la baja o que se mantengan los compromisos presentados con anterioridad.
No se ha producido ningún avance significativo en lo que se refiere a la adaptación la financiación y las pérdidas y daños. Sigue sin resolverse la discusión de si los mecanismos para hacer frente a las pérdidas y daños deberán tener articulado propio y si deberían de ligarse a la adaptación.

En resumen, tras una semana de negociaciones, no encontramos avances significativos y siguen quedando pendientes las discusiones centrales del próximo acuerdo de París. Un acuerdo que ni tan siquiera menciona el término de energías fósiles, ni la necesidad de dejar al menos el 80% de sus reservas bajo el suelo, ni subraya que la situación actual es consecuencia de un modelo depredador de recursos. Se sigue apuntalando un nuevo “capitalismo verde”, que no es más que una huida hacia delante del mismo modelo que nos ha traído a la situación actual, en el que persisten falsas soluciones y no se ataca la fuente principal de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Un acuerdo que obvie la necesidad de un cambio de modelo basado en la agroecología, la producción distribuida mediante energías renovables y un nuevo modelo de sostenibilidad es el único camino para frenar el camino hacia el colapso ambiental al que nos dirigimos.

Cambio climatico: París, un acuerdo decepcionante que desoye a la ciudadanía.

Para Ecologistas en Acción el acuerdo alcanzado hoy en la cumbre del clima de París es decepcionante e insuficiente al carecer de herramientas necesarias para luchar con eficacia contra el calentamiento global y al desoír las luchas ciudadanas que ya están haciendo frente al cambio climático. Se ha perdido una oportunidad de reforzar e internacionalizar un cambio de modelo basado en las renovables, que mantenga bajo tierra el 80% de los recursos fósiles, frene la industria extractivista y se ajuste a los límites planetarios. Se ha optado en cambio por consagrar la mercantilización del clima y las “falsas soluciones”

La justicia climática, la descarbonización, la financiación adecuada, los derechos humanos, la perspectiva de género, los refugiados climáticos… son muchos los puntos fundamentales que han quedado fuera del texto final.

Además, se ha optado por la fórmula con menor fuerza legal (acuerdo) para un texto peligrosamente vago y abierto, en el que los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no son vinculantes. La revisión de los compromisos se hará demasiado tarde, cuando estemos cerca de haber emitido ya una cantidad de gases de efecto invernadero que implicaría superar el límite de 1,5 grados.

La fundamental meta de la descarbonización de nuestras economías ha acabado en una vaga referencia a la necesidad de alcanzar el pico de emisiones “lo antes posible” y de “un equilibrio entre las emisiones antropogénicas y las fuentes y absorciones por sumideros de los gases de efecto invernadero”. Es decir, se confía el cumplimiento de los compromisos a la compensación de las emisiones, en vez de a su reducción significativa, por medio de un cambio en la forma de producir y consumir.

El texto no contempla las emisiones generadas por el transporte aéreo y marítimo, abre la puerta a trucos contables en el cálculo de las emisiones y deja sin amparo luchas como la desinversión en combustibles fósiles y el freno del fracking y las arenas bituminosas.

El acuerdo mantiene además los mecanismos de mercantilización del clima inscritos en anteriores tratados, como los mercados de carbono, que favorecen la especulación y la política del talonario frente a los esfuerzos reales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Tampoco hay mecanismos garantistas para la financiación. La provisión de fondos para la adaptación a los países más vulnerables ha quedado relegada a una decisión de la cumbre, no al acuerdo vinculante, lo que posibilita una vuelta atrás en el futuro. Además, gran parte de esta financiación podrá ser usada para impulsar las citadas falsas soluciones, como la geoingeniería o la captura y almacenamiento de carbono, lo que supone una gran traba al desarrollo de las energías renovables.

Los elementos más interesantes figuran sólo en el preámbulo, es decir, en la parte declarativa que carece de fuerza legal. Es el caso de la apelación a “muchos mayores esfuerzos de reducción” de las emisiones. Esto convierte el acuerdo en algo más parecido a una declaración de intenciones que a un texto a la altura del reto que supone el cambio climático, en clara contradicción con el origen de las negociaciones climáticas y el propio sentido de las Naciones Unidas.

Los líderes mundiales han apostado en París por el mismo modelo devorador de recursos que nos ha traído a la situación actual y nos dirige al colapso ambiental. Se muestra una vez más que muchos ciudadanos y ciudadanas tienen claro cuál es el camino a seguir, mientras que estos marcos de negociación desoyen esas voces continuamente y carecen del liderazgo necesario ante el mayor reto del siglo XXI.

No es momento de bajar los brazos ni de caer en el pesimismo en la lucha contra el cambio climático. Para Ecologistas en Acción, lo sucedido en París muestra la necesidad de seguir presionando para que se tomen las medidas necesarias, frente a un acuerdo que nos condena de momento a un aumento de más de tres grados de temperatura. También subraya la importancia del empoderamiento del cambio impulsado por la ciudadanía frente al calentamiento global, con miles de luchas, como las articuladas contra el TTIP, el fracking o la energía nuclear.

Se ha cerrado una ventana, pero la puerta de la ciudadanía, la calle y las luchas cotidianas está más abierta que nunca. Experiencias como la agroecología, la soberanía alimentaria, la movilidad sostenible y la desinversión en combustibles fósiles pondrán en evidencia la falta de ambición de los líderes políticos. Solo un cambio genuino en el modelo de producción y consumo mitigará de forma eficaz el calentamiento global.

El agua disponible en España se ha reducido un 20% a causa del cambio climático

El volumen de agua disponible en España se ha reducido un 20% en los últimos 25 años a causa del cambio climático.

Ecologistas en Acción ha elaborado un informe en el que se analiza cómo han evolucionado los recursos hídricos en España en los últimos 25 años a causa del cambio climático, y cómo es previsible que sigan evolucionando si sigue la tendencia actual

Los resultados del trabajo son realmente preocupantes. La combinación de la reducción de las precipitaciones y, muy especialmente, la subida de las temperaturas que se está produciendo han generado una reducción media del volumen de agua que va a parar a los cauces de más del 20% en tan sólo 25 años.

El descenso se ha producido en todas las cuencas, aunque ha sido especialmente importante en la cuenca del Segura, con una reducción del 38%, seguida del resto de las cuencas mediterráneas.

Todo apunta a que esta tendencia se acentuará en los próximos años. Sin embargo, según el informe, la demanda seguirá creciendo, pues los planes hidrológicos recientemente aprobados prevén un incremento neto del consumo para los próximos años del 10%, debido mayormente al aumento previsto en la superficie de regadío.

Todo ello conduce necesariamente, a juicio de Ecologistas en Acción, a un auténtico colapso hídrico, de gravísimas consecuencias medioambientales, sociales y económicas.

Dado que más del 80% del consumo de agua en España se lo llevan los cultivos de regadío, para poder recuperar un cierto reequilibrio hídrico, sería necesario no solo no crear nuevos regadíos, sino reducir la superficie existente de los más de 4 millones de hectáreas, a un máximo de 3-3,2 millones de hectáreas.

Este reajuste tendría que ir acompañado de una reducción sustancial de la emisión de gases de efecto invernadero pues, en caso contrario, habría que seguir incrementando el regadío en años sucesivos.