Archivo mensual: junio 2015

¿Qué podemos hacer nosotros?

A lo largo del día podemos efectuar muchos actos sencillos que nos ayudarán a ahorrar agua.

Todos tenemos la obligación de ahorrar agua y sabemos que es un bien muy escaso, sólo un 1% del agua de nuestro planeta es potable y desperdiciamos mucha.

Ahorrar agua no debe suponer un esfuerzo, pensemos que muchas personas no tienen ni para beber.

Tenemos que tomar consciencia de que cada gota de agua que malgastamos, supone un gota menos en un río, un lago, un canal o un embalse y queahorrar agua contribuye a la reducción del tratamiento de las aguas residuales.

Los ahorros modestos SIEMPRE son muy valiosos

Aplica estos consejos muy sencillos y que no requieren casi de ningún esfuerzo:

* Cuando te laves los dientes, hazlo con el grifo cerrado. Ahorrarás 19 litros de agua.

* Llena la bacha cuando te afeites, sólo utilizarás 5 litros de agua.

* Dúchate en vez de llenarte la bañera. Ahorrarás hasta 7000 litros al año.

* Pon la lavadora y el lavavajillas cuando estén llenos del todo. Ahorrarás 80 litros.

* Siempre debes Reparar los grifos que gotean y vigilar los grifos mal cerrados. Puedes ahorrarte hasta 180 litros.

Reparar inmediatamente las fugas, 10 gotas de agua por minuto suponen 2.000 litros de agua al año;

NUNCA tires el aceite por los fregaderos. Flota sobre el agua y es muy difícil de eliminar.

TAMPOCO arrojes ningún tipo de basura o desperdicios al mar, río, lago o laguna.

Debemos utilizar el lavarropas con la carga completa. Si lavamos una prenda sola, podremos hacerlo en un balde o seleccionando la opción “poca carga” que tienen algunos artefactos disminuyendo así el consumo de agua.

Siempre cerrar bien las canillas. Una canilla con una abertura pequeña pierde 2000 litros/día.

También hay que tener en cuanta que en los sistemas de riegos automáticos, es mejor colocar sensores de lluvia que interrumpen el accionamiento cuando hay precipitaciones.

* Descongelar los alimentos a temperatura ambiente, nunca bajo el grifo. Ahórrate 15 litros.

* Lavar la fruta y la verdura en un bol. Ahórrate 10 litros.

* Cuando renueves los electrodomésticos búscalos con la etiqueta ecológica.

* SIEMPRE vigilar las posibles fugas de agua en el inodoro y en los grifos.

* Tirar de la cadena del inodoro sólo cuando sea necesario; no lo utilices de cenicero o papelera.

Ahorras los 6 – 8 litros de agua que contiene la cisterna y gasta con cada descarga y también evitarás la sobrecarga de las depuradoras de aguas residuales.

* Lava el coche con una esponja y un cubo, gastarás menos de 50 litros, en lugar de 500!!

* Utilizar la escoba en lugar de la manguera para limpiar patios y terrazas.

* Ajustar correctamente los aspersores y concentrar el riego en zonas verdes.

* Utilizar plantas autóctonas que consumen poca agua.

* Dejar crecer el césped más alto, disminuirás la evaporación del agua, especialmente si el verano es muy seco.

Mensajes Clave

En las últimas décadas, varias regiones del mundo han experimentado notables
progresos en varios aspectos de la gestión del agua, incluida la mejora en el
acceso a los recursos del agua y a los servicios relacionados. Sin embargo, el
aumento de la población y el crecimiento económico, la urbanización y el bajo
rendimiento de los recursos de agua existentes significan que todavía existen
importantes déficits en la satisfacción de estas necesidades.
Hoy en día, la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas, y las
poblaciones urbanas siguen creciendo rápidamente en muchas regiones. Las
estrategias de gestión integrada de los recursos hídricos y las estrategias
para responder a los riesgos relacionados con el agua son vitales. Estos
asentamientos urbanos humanos crecientes no pueden ser sostenibles si no
se garantiza un acceso seguro al agua potable y a un saneamiento adecuado.

Falta de agua en el mundo.

El agua es un recurso limitado al que todos deberíamos poder acceder en igualdad de condiciones pero, mientras a una buena parte de nosotros nos basta con abrir el grifo, millones de personas en todo el mundo carecen de agua potable o saneamiento básico. 
Los océanos contienen el 97% del volumen total de agua, otro 2% es agua helada y sólo un 1% es agua potable. Esta proviene de la superficie de la tierra (ríos, lagos…) o del agua subterránea.

El agua subterránea es el agua que llena las grietas y los espacios entre las rocas y los sedimentos bajo la superficie de la tierra. Más del 90% del suministro de agua potable del mundo proviene del agua subterránea. 

Los vertidos incontrolados de aceites, productos químicos, etc., contribuyen a la contaminación de esta agua subterránea. 

El agua de Madrid, ¿una de las mejores? 

Por su sabor, el agua de grifo de la Comunidad de Madrid es una de las mejores. “Es de excelente calidad ya desde su origen, con un cuidado control porque se analizan todas las fases del proceso”, dicen desde el Canal de Isabel II. Ya en los embalses se selecciona el agua de mayor calidad para el abastecimiento y “después se le aplican todos los procesos necesarios para aumentar esta calidad y adecuarla a la normativa”, añaden. 

No obstante, la igualan o superan por su pureza las que se suministran en las cuencas del norte de España, en especial las aguas de San Sebastián, Bilbao, La Coruña, Orense y Pamplona. 

Según el Informe técnico sobre la Calidad del Agua de Consumo Humano en España (2011) publicado en septiembre de 2012 por el MSSSI, el agua captada para el consumo humano procede en un 69% de agua superficial (río, embalse, lago, arroyo acequia, o canal), en un 30% de agua subterránea (pozo, manantial, o galería de filtración) y en un 1% de agua marítima.

Para el director de la AEAS, la calidad del agua depende mucho de su origen. “Las más agradables al gusto son sobre todo las aguas procedentes de sierras que tienen en su composición rocas de origen granítico”, detalla Morcillo.  De este modo, no solo destacan las aguas del norte, sino también las de las sierra de Gredos y Guadarrama. “Son aguas de muy buena calidad”. 

Por lo contrario, las procedentes de roca caliza son aguas más duras y “un poco más desagradables”. Las que vienen de suelos con yeso resultan más ásperas al paladar e incluso para el baño “ya que la sensación es que se quedan restos de sal en la piel”. Todas las zonas de costa, del Levante y Canarias son menos agradables. Pero en cualquier caso “siempre son potables”, asegura. 

El secreto está en el sabor

La búsqueda del agua pura y de calidad se remonta a la época romana –prueba de ello fue la construcción de acueductos y canales–, pero hasta finales del siglo XIX no se adoptaron los procesos de cloración y filtración para potabilizar el agua. En España, solo algunos barrios de la ciudad de Madrid, a través del Canal de Isabel II, gozaban en aquel momento de ese privilegio.

Según fuentes del Canal de Isabel II consultadas por Sinc, en 1851 comenzó la construcción del canal de 70 kilómetros de largo que llevaría el agua de la sierra hasta la capital. “El agua llegó a Madrid en 1858, y desde entonces las mejoras han sido continuas”, informan.

En el resto de municipios españoles, el agua corriente llegó a mediados del siglo XX. “Hasta entonces, el suministro a domicilio solo llegaba a casas nobles. El resto de la población tenía que ir a las fuentes”, recuerda el director de la AEAS, refiriéndose fundamentalmente al ámbito rural.

En la actualidad, Canal de Isabel II Gestión –el más antiguo de España– opera 14 embalses y 75 captaciones de aguas subterráneas. Cuenta además con 13 plantas de tratamiento de agua potable, 17.163 kilómetros de red de aducción y distribución, 11.148 kilómetros de redes de alcantarillado y 347 kilómetros de red de agua regenerada, entre otros. Con ello se abastecen a más de 6,5 millones de personas en toda la Comunidad de Madrid.

Aunque persiste la creencia popular de que el agua no es potable en todas las Comunidades Autónomas, lo cierto es que el 99,3% de las aguas que se entregan por redes públicas en España cumplen todos los requisitos sanitarios. El único problema que presentan es el sabor, según un informe publicado por la AEAS.

En algunas ciudades, sobre todo costeras, donde el agua procede de la desalinización, la sensación al gusto “no es agradable, es dura o salinizada y por eso se rechaza”, asegura Morcillo. Pero “es potable seguro, de lo contrario las autoridades sanitarias tienen la obligación de advertirlo para que no se use para beber o cocinar”, recalca el experto.

El placer de beber buena agua del grifo

Aunque en ciertas Comunidades Autónomas la población prefiere beber agua embotellada, lo cierto es que el agua corriente en España es potable en prácticamente el 100% de los hogares. Lo que varía es el sabor, que depende de su origen. 

Hasta mediados del siglo XIX, el suministro a domicilio solo llegaba a casas nobles y el resto de la población tenía que ir a las fuentes

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), acordados en el año 2000, tienen el objetivo de reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso sostenible a agua potable y a servicios básicos de saneamiento entre 1990 y 2015.

Un total de 748 millones de personas no tienen todavía acceso a una fuente mejorada de agua potable y los indicadores existentes no abordan cuestiones relacionadas con la seguridad y fiabilidad del suministro de agua. Se requieren mejoras reales para varios miles de millones de personas si se pretende lograr el derecho humano a un agua potable segura.

En julio de 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas adopta una resolución que “reconoce que el derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos” (A/RES/64/292).

La meta de los ODM sobre el saneamiento es un reto aún más apremiante: 2.500 millones de personas carecen actualmente de acceso a servicios de saneamiento mejorados y más de 1.000 millones todavía practican la defecación al aire libre. Al ritmo actual de progreso, la meta del saneamiento no será alcanzada por más 500 millones de personas.

Por otra parte, estas cifras globales ocultan grandes disparidades entre las naciones y las regiones, entre los ricos y los pobres, entre las poblaciones rurales y las urbanas, así como entre los grupos desfavorecidos y la población en general.

Actualmente no existe una meta mundial para mejorar la higiene, a pesar de ser una de las intervenciones de salud pública individuales más rentables.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20)

La Conferencia de Río+20 en 2012 ofreció una oportunidad para reflexionar sobre los avances hacia el desarrollo sostenible de los últimos 20 años. Uno de sus principales resultados fue un acuerdo para poner en marcha un proceso para desarrollar un conjunto de Objetivos de Desarrollo Sostenible, basados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y que convergen en la agenda del desarrollo post-2015.

Agua sucia: La mayoría de los hogares filtra el agua con telas en Mabilioni. Qué pena.

Caudaloso y arrebatado, el Pangani se mueve con brío incluso en su curso más bajo, precisamente donde los habitantes de Mabilioni se surten de un agua que, después de haber bajado desde las montañas, ya se ve marrón y turbia. “Ni es potable ni actualmente tienen medios para hacer que lo sea, con el consiguiente riesgo para la salud que eso supone”, explica Alfonso Zapico, asesor técnico de Ongawa en Same. “Para beberla, la mayoría de los hogares filtra con telas. Sólo unos pocos tienen recursos para hervirla o utilizar pastillas potabilizadoras, que sólo se pueden conseguir en la ciudad”, abunda Zihirwani Wales, presidente de la junta de Gobierno de Mabilioni.

Transcurre la mañana muy tranquila a orillas del Pangani. Dos mujeres lavan con energía sus cubos de plástico. Primero frotan con barro para levantar la mugre. Luego dan otra pasada con jabón. En uno llevan la colada; el otro volverá lleno al hogar. El detergente que han usado contaminará esas aguas y perjudicará a los vecinos del siguiente pueblo por donde pase el río, de igual manera que a ellas pues ¿quién sabe cuántas personas se habrán aseado en los niveles más altos de su curso?

Las consecuencias palpables de consumir agua sucia son las enfermedades de transmisión hídrica como diarreas, malaria, cólera o lombrices intestinales. Un tercio de las muertes de niños menores de cinco años está relacionado con la falta de higiene a causa de la escasez de este recurso. En Tanzania, hasta 9% de ellas se producen por diarreas. “Las infecciones de orina son las más habituales aquí”, precisa Zakati que, además, es la alcaldesa de Mabilioni. Para aliviar estas enfermedades hay que desplazarse hasta el dispensario médico del núcleo urbano más cercano, Hedaru, a nueve kilómetros. Este es otro obstáculo más que dificulta la vida de los habitantes de Mabilioni pues en el pueblo no se ve ni un carro y, mucho menos, un vehículo a motor. “Hay que llamar un taxi cuando, por ejemplo, una mujer embarazada sufre una complicación en el parto”, comenta la alcaldesa de nuevo. “Un taxi cuesta unos 35.000 chelines tanzanos (15 euros)”, puntualiza, una cantidad que supone el sueldo de un mes de un agricultor. ”Si no tienes dinero, te mueres”, sentencia Zakati.

Las enfermedades, no obstante, no son la única consecuencia de esta carencia. “Existen más peligros: hace tres meses un cocodrilo atacó a un niño que iba al río y lo mató”, asegura la alcaldesa.

En Njoro, Emuguri e Ishinde se ha apreciado que la incidencia de enfermedades de transmisión hídrica ha disminuido, según relata Ongawa en su informe final del proyecto Mama, y las localidades están creciendo económicamente porque desde que tienen pozos pueden dedicarse a otras actividades, como la agricultura. Tan solo en Njoro hay 16 fuentes y 86 acometidas más de propiedad privada. En Kihurio, a 40 kilómetros de Mabilioni, no se ve cola en la fuente de la plaza del pueblo. “Es buena señal, significa que no hay escasez, que todos tienen lo que necesitan”, aclara Bidyanguze Nyawenda, responsable de infraestructuras hidráulicas del equipo de Ongawa en Same.

Para que este orden sea posible, existen figuras como la de los técnicos de las entidades de gestión comunitaria de agua y saneamientos (COWSO). Ellos son los encargados de recaudar el dinero de la comunidad para pagar a la Oficina de Aguas del Pangani la cuota anual por el uso del caudal, que asciende a 140.000 chelines tanzanos (unos 63 euros). También velan porque el sistema funcione correctamente y para eso cuentan con personas como Shamba Nkondo, técnico de mantenimiento. Él se encarga de revisar a diario el enorme tanque con capacidad de 180 metros cúbicos que provee a más de 6.000 vecinos. Cada día abre las compuertas entre las seis de la mañana y las seis de la tarde. “Una vez en semana, recorro los ocho kilómetros de tubería soterradas para comprobar que no hay fugas ni averías”, explica.

Mabilioni, no obstante, no ha sido siempre una aldea olvidada. Es una aldea malograda. Hace unos años, una ONG realizó una inversión mastodóntica para construir pozos pero, una vez ejecutada la obra, se dieron cuenta de que la calidad del líquido elemento era pésimo, demasiado salino, y no apto para el consumo. “Mabilioni necesita agua, sí, pero al menos tiene un río cerca. Hay otros que no tienen absolutamente nada”, advierte Mussa Iddi Msangi, Ingeniero Responsable del Departamento de Agua en el Gobierno del Distrito de Same. “Hemos elegido 10 pueblos con peor acceso para que sean los siguientes en beneficiarse del Programa Nacional de Agua y Saneamiento, que depende del Banco Mundial. Mabilioni no está en esa primera criba, pero sí en la segunda”, añade.

Existen otros proyectos que planean mejorar el pueblo: uno de ellos esel que acaba de iniciar WWF y que durará hasta 2017. Consiste en llevar energía limpia, electricidad y agua a Mabilioni que, así, se convertiría en un vergel ecológico. Pero, la realidad, hoy, es que las mujeres siguen caminando durante varias horas al día y cargando con pesados cubos y que el nombre del pueblo está enterrado en algún montón de documentos del Ministerio de Agua del Gobierno, que no ha dado aún una solución a sus habitantes, los cuales no pueden sino envidiar la calidad de vida de otros vecinos más afortunados.

Un Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) dedicado al agua

A medida que se acerca la fecha límite para los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en 2015, la comunidad mundial está haciendo balance de cómo se puede avanzar hacia un futuro sostenible. El marco de los ODM no abordó la agenda completa del agua y el desarrollo, y tampoco reconoció plenamente sus sinergias con otras áreas e intereses. El marco de los ODM no incluyó un énfasis en la “Sostenibilidad” y la desigualdad y los derechos humanos fueron también, en gran medida, ignorados. Posteriormente, los Estados Miembro han acordado que los derechos humanos, la igualdad y la sostenibilidad deben formar la base de la agenda del desarrollo y deben ser reconocidos como fundamentales para poder gozar de un verdadero desarrollo.

ONU-Agua ha propuesto un objetivo global “Asegurar agua para todos de forma sostenible”. El objetivo y las metas dedicadas al agua abordan directamente los objetivos de desarrollo de las sociedades, promueven la dignidad humana y aseguran que los logros sean sostenibles a largo plazo.

Vivir con agua, vivir sin agua

Mabilioni es una aldea sin agua. Ni para beber, ni para lavarse, ni para cocinar. Si existiera una divinidad creadora de pueblos que los fuera dispersando por el planeta Tierra, cualquiera diría que Mabilioni se le cayó de la bolsa en un descuido para ir a parar a una inhóspita esquina de Same, uno de los distritos del noreste de Tanzania. Y ahí quedó, en medio de un olvidado secarral por donde ni carretera ni vehículo alguno pasa, y apenas acompañado por cuatro acacias sedientas y unas cuantas cabras y gallinas encerradas en un precario redil. Su población aún pertenece a ese 47% de tanzanos que no dispone de acceso seguro a este recurso —36% en el distrito— en un país donde la vida de por sí no es fácil: Tanzania está situada en el puesto 159 de 187 en el Índice de Desarrollo Humano.

Zakati Zuhindi, Farida Rashili y Eliza Msange son vecinas de Mabilioni, que cuenta con 3.130 habitantes repartidos en 415 hogares. Son tres duras tanzanas que ejercen al tiempo de guardianas del hogar y la familia, de trabajadoras feroces y de representantes de su comunidad. Sobre ellas recae la responsabilidad de que los suyos no se mueran de sed, de que haya agua para cocinar o de que la ropa de todos esté limpia. El caudaloso río Pangani, a un kilómetro de esta aldea, es la solución más cercana a sus problemas de abastecimiento y se ha convertido en su grifo, ducha y lavadora. “Tardo una hora en ir y volver con un cubo de unos 20 litros”, explica Eliza Msange, que realiza ese trayecto unas tres veces al día y reconoce que esa cantidad no le alcanza. No es para menos: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada persona necesita entre 50 y 100 litros al día para cubrir las necesidades básicas y evitar amenazas para su salud. La familia de Eliza, de cuatro miembros, está muy lejos de esos 200 litros que, como mínimo, les corresponden al ser un derecho explícitamente reconocido por la ONU.

En unas condiciones parecidas, o incluso peores, vivió durante muchos años Neisujak Mesikana, mujer masai de la comunidad de Emuguri perteneciente al municipio de Njoro y con solo 350 vecinos. Neisujak no sabe su edad —75 años, calculan quienes la conocen—, y mucho menos recuerda cuántos nietos y bisnietos tiene. “Mi marido poseía cinco esposas, siete de mis nueve hijos se casaron con varias mujeres y dieron a luz a muchos niños. Algunos de estos ya son mayores, también se han emparejado varias veces y han tenido más hijos…”. Para familias tan extensas como la de esta anciana masai, conseguir algo de beber para todos era un reto. “Antes subíamos a la montaña, con burros, a buscarla”, recuerda Neisujak. “Caminábamos unos 17 kilómetros cuesta arriba y otros tantos a la vuelta. Marchábamos al amanecer y ese día no podías dedicarlo a nada más”.

Así fueron los días de Neisujak, —”uno sí y uno no”, puntualiza— durante incontables años hasta que la organización española Ongawa, en colaboración con el Gobierno del distrito, inició la primera fase de un programa hidrosanitario que llevó cuatro fuentes a su pueblo, tan perdido y tan inhóspito como el vecino Mabilioni. Esta iniciativa arrancó en 2005 para dotar de la infraestructura necesaria a las comunidades de Njoro, Vumari e Ishinde. La primera fase benefició a 5.657 personas y supuso tal éxito que tuvo continuación en el marco de un programa de mayor envergadura, el MAMA (agua y saneamiento, en suajili). El resultado en 2013 era patente: en Same, un distrito de casi 270.000 habitantes, se ha facilitado el acceso con garantías a 45.000 personas de 18 comunidades, cuya cobertura ha aumentado del 35% al 98%.

Gracias a estos puntos, la vida de las familias de Emuguri cambió radicalmente. Disponen de más agua para el ganado, motor de la economía masai. También queda más tiempo libre para dedicarse a otras labores productivas y las enfermedades de transmisión hídrica disminuyen. Los masai, nómadas por naturaleza, comienzan a sedentarizarse porque allí tienen este recurso asegurado. Solo los jóvenes marchan durante meses en busca de pastos fértiles para los animales mientras que las mujeres y los niños se quedan en las aldeas, algo que supone una ventaja para los segundos porque pueden acudir a la escuela todo el año. El precio a pagar a la Oficina de Agua de la Cuenca del Pangani, que es el río que surte a esta región, es de 100 chelines tanzanos por cubo —unos cinco céntimos de euro—. “Si está cerca no me importa. Antes también tenía un coste de tiempo y de desgaste físico”, insiste Neisujak.