Agricultura: Objetivo primario: una irrigación eficiente

La irrigación de los cultivos constituye un ámbito en el que las prácticas y las políticas pueden incidir sustancialmente en la mejora de la eficiencia. En los países del sur de Europa, como Grecia, Italia, Portugal, Chipre, España o la Francia meridional, las condiciones áridas y semiáridas imponen el uso de la irrigación, al cual se destina en dichas regiones casi el 80 % del agua utilizada en la agricultura.

Sin embargo, la irrigación no necesariamente tiene por qué comportar un consumo hídrico tan elevado. En toda Europa se obtienen ya mejoras de la eficiencia hídrica, bien mediante una mejor red de transporte del agua, lo que se traduce en un porcentaje más elevado de agua extraída que llega al campo, bien mediante su aplicación eficiente en el campo, donde se obtiene una relación más favorable entre el agua realmente utilizada para un cultivo y la cantidad total de agua aplicada. En Grecia, por ejemplo, se estima que la mejora de la eficiencia de las redes de transporte y distribución del agua ha permitido incrementar en un 95% la eficiencia hídrica respecto a los métodos de irrigación utilizados anteriormente.

La política juega un papel esencial a la hora de inducir al sector agrícola a adoptar unas prácticas de irrigación más eficientes. Anteriormente, las políticas de tarificación del agua en algunos países de Europa no obligaban necesariamente a los agricultores a una utilización eficiente del agua. Los agricultores rara vez tenían que pagar el precio real del agua, es decir, un precio que comprendía los costes medioambientales y los recursos asociados. Además, las subvenciones concedidas a la agricultura en el marco de la Política Agrícola Común de la UE (PAC), a la par que otras medidas, alentaban indirectamente a los agricultores a producir cultivos de elevado consumo hídrico utilizando técnicas ineficientes. Por ejemplo, en la provincia de Córdoba, la eficiencia en la irrigación del algodón aumentó casi un 40 % después de que las subvenciones se disociaran parcialmente de la producción de algodón en 2004. Mediante una estructura de tarificación del agua que favorezca a los usuarios eficientes y mediante la eliminación de subvenciones agrícolas desfavorables es posible reducir sustancialmente la cantidad de agua empleada para la irrigación en la agricultura.

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