La batalla de los “lobbies”

“Todavía hay muchas grandes compañías y asociaciones empresariales que presionan en contra de las políticas frente al cambio climático. Esto se puede parar, tiene que parar y necesitamos trabajar juntos para asegurarnos que se detendrá”. Estas palabras, entre la preocupación y la esperanza, llegan de Paul Dickinson, presidente de Carbon Disclosure Project (CDP), un sistema a través del cual miles de empresas de todo el mundo informan sobre sus emisiones de gases de efecto invernadero. Nos jugamos mucho en el empeño. El calentamiento “es el mayor riesgo que existe en la economía actual”, advierte Henry Paulson, antiguo secretario del Tesoro de Estados Unidos.
Sin embargo, junto a la batalla económica se libra la geopolítica. Veamos los hechos. La Comisión Europea se ha comprometido a rebajar sus emisiones de gases un 40% de aquí a 2030 respecto a los niveles de 1990. Un objetivo ambicioso que, pese a todo, “es posible conseguir”, sostiene David Reiner, director asistente del Energy Policy Research Group de la Universidad de Cambridge. Eso sí, resultará más complicado que lograr el propósito intermedio de reducir un 20% la contaminación hasta 2020. Al menos sí tenemos en cuenta el pasado.
La rebaja general de emisiones entre 1990 y 2000 se debió sobre todo al empuje del gas en Reino Unido, al cierre de explotaciones de carbón y a los miles de millones que se destinaron a “limpiar” —tras la reunificación germana— la industria de la antigua Alemania del Este. Luego llegó 2008 y el frenazo industrial ayudó sin pretenderlo a limitar la contaminación. Pero ¿y ahora? En teoría, el coste de pasar de recortar el 20% en 2020 al 40% durante 2030 debería suponer “menos de un adicional 0,7% de la actividad económica” de la Unión Europea, calcula Brigitte Knopf, responsable de Estrategias de Energía del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (Alemania). Ahora bien, “¿estará dispuesta Alemania a cerrar sus nuevas plantas de carbón? ¿Seguirán abiertas sus instalaciones nucleares? Mientras nos preocupamos tanto de la competitividad, ¿consentirá Europa una subida unilateral de los precios de los combustibles fósiles a pesar de que no lo hagan sus principales competidores en Estados Unidos y China? Es más. ¿Querrá Polonia quemar gas ruso antes que carbón nacional?”. Todas estas cuestiones se las plantea David Reiner. Desde luego parece difícil que los políticos adopten medidas impopulares. De momento, el CDP está concluyendo en España un acuerdo con el Ministerio de Agricultura para impulsar y medir la cantidad y la calidad de la información que las compañías españolas ofrecen en materia de cambio climático a sus grupos de interés. Son (algunos) pasos.

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