¿Pánico al agua del grifo?

Imagínese que está comiendo en el restaurante y le apetece un vaso de agua para acompañar la comida. No agua con gas, no un refresco, no agua mineral de los manantiales alpinos. Pura y simple agua del grifo. Si está en la República Checa, el camarero, en la gran mayoría de los casos le dirá que no y le ofrecerá comprar una botella de agua mineral, por cierto más cara que una cerveza.
La gran mayoría de los restaurantes checos no ofrecen agua de grifo a sus clientes, tal como ha revelado recientemente un estudio de la compañía Veolia. Se trata de una diferencia respecto a otros países europeos, como Francia, Italia o Grecia, que ha generado cierta polémica en los últimos meses, probablemente por el cambio de las costumbres gastronómicas de los checos.
Un ejemplo es Michaela, profesora de inglés, quien considera fundamental recibir agua de grifo gratis en bares y restaurantes.
“En los restaurantes checos uno se encuentra con muchos problemas. Y este es uno de ellos, si se puede pedir agua del grifo o no. Una vez hablé con el dueño de un restaurante y me dijo que estaba prohibido por motivos higiénicos y esas cosas. Pero es absurdo. Cuando uno pide agua del grifo debería recibirla y si no debería darse la vuelta y largarse. Yo elijo los restaurantes y cafeterías donde puedo pedir agua del grifo”.
Pero a muchos checos ni siquiera se les ocurre. Y todo a pesar de que la calidad del agua de grifo del país cumple todos los estándares y es considerada de muy buena calidad. De hecho, el agua de Praga es según los expertos superior a la mayor parte de las marcas de agua embotellada. El agua corriente cuenta además con la ventaja de que es fresca, siempre se halla en movimiento y no se va a deteriorar por un mal almacenaje o exposición a la luz.
Aún así los hábitos de consumo de agua de los checos dan preferencia al agua embotellada o a otro tipo de bebidas. Según un sondeo de la agencia Median, el 40 por ciento de los encuestados no suele consumir agua corriente y solo el 36 por ciento la consume de forma preferente. Según el estudio de Veolia, el 60 por ciento de los checos compra usualmente agua embotellada.
Un retrato de estas estadísticas es por ejemplo Kateřína, que enseña español en Praga.
“No quiero gastar dinero en agua embotellada y es pesado llevarla a casa desde el supermercado. Creo que mis padres no consumen agua de grifo porque toman refrescos dulces, azucarados. Y creo que la gente que no quiere consumirla tiene miedo a que no sea sana. Supongo que es eso.” Michaela comparte gustos con Kateřina, aunque se mueve en círculos donde el agua embotellada no es tan popular.
“Yo sí bebo agua del grifo. Y la mayoría de mis amigos también. Sobre todo lo mejor es cuando uno depura el agua con algún filtro. Realmente no soporto tener que comprar una botella de plástico de litro y medio de agua.”
Al entrar en un supermercado checo, el visitante suele sorprenderse de la gran superficie dedicada a botellas no alcohólicas: agua mineral con gas, sin gas o con un poco de gas, agua con diferentes sabores, desde uva hasta manzana verde, refrescos de todo tipo… Aún así las costumbres parecen estar cambiando. El consumo de estas bebidas embotelladas se ha venido reduciendo desde 2005. Los checos empiezan a beber más agua de grifo, infinitamente más barata, más ecológica y menos aparatosa. Aún así el año pasado los checos bebieron 877 millones de litros de sustitutivos del agua.

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