Sin agua no hay salida a la pobreza

Sin agua no hay salud. Ni educación. Ni igualdad entre sexos. Puede alguna de estas relaciones no ser obvia, pero todas existen. La primera es quizás la más clara: la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que por cada dólar invertido en suministro de agua potable se ahorran entre 3 y 34 en sanidad. Las horas que pasan los menores transportando este líquido en lugar de ir a la escuela explica la segunda. El hecho de que sean las mujeres las que suelen cargar con el peso de proveer a sus comunidades tras interminables recorridos en busca de pozos o ríos aclara la tercera. Y son solo tres ejemplos: agricultura, energía, nutrición, mortalidad infantil tienen una estrecha relación con el agua. Sin ella no hay desarrollo ni salida a la pobreza.

Todavía quedan en el mundo 760 millones de personas que no tienen acceso a agua potable. Representan algo más de un 10% de la población del planeta. No es una cifra despreciable, pero hace solo 15 años eran más del doble. Con ello, la meta que se planteó la ONU dentro de los Objetivos del Milenio se ha cumplido. No así en cuanto al acceso a saneamiento: 2.500 millones carecen de él. Unicef y la OMS resumen los próximos retos en cinco propuestas: nadie debe defecar al aire libre (en 2011 todavía lo hacían 1.000 millones de personas); todos deben disponer de agua potable, saneamiento e higiene en el hogar; esto también debe suceder en todas las escuelas y centros de salud; las instalaciones deben ser sostenibles; las inequidades en el acceso han de ser eliminadas. Lo que no es tan evidente es la vía para realizarlas. La ONU está preparando los objetivos post 2015, que marcarán la agenda del desarrollo humano hasta 2030. El acceso al agua es uno de los candidatos a estar entre la decena de metas que conseguir, pero también puede quedarse fuera, disperso entre otras, ya que es transversal a muchas como las antes mencionadas.

España, que participa en la elaboración del borrador que se presentará en la ONU el próximo julio sobre la agenda post 2015, es uno de los países que presiona para que el agua sea uno de los objetivos medibles, con entidad propia. El secretario de Estado de Cooperación Internacional, Gonzalo Robles Orozco, que ha participado esta semana en el Tercer Encuentro de la Gobernanza del Agua de la OCDE en la Casa de América de Madrid, explica que la posición del Gobierno: “El acceso a agua limpia es un derecho humano y ha de ser reconocido como tal. Parece que vamos por el buen camino. Y todo hace pensar que está al alcance de la mano que en 15 años todo el mundo tenga acceso a agua en condiciones de salubridad. El reto es la gestión de los residuos”.

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